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¿Qué pasó esa noche?

¿Qué pasó esa noche?

 

Hay momentos en la vida de una persona en que todo cambia, todo cobra nuevo sentido, eso es lo que le pasó a Pedro Nolasco la noche del 1 al 2 de agosto; con el corazón herido por ver a sus hermanos cautivos, porque descubre rostros concretos de hermanos que sufren, siente  sus gritos de pedido de auxilio que le llegan a lo profundo de su ser. Se le crispan las manos ante la impotencia; y de sus labios brota como un grito al Señor: “¿POR QUÉ?”. Yo estaba tranquilo, vivía una vida normal y descubro esta situación, ¿por qué no puedo hacer más por ellos?

 

Hice todo lo que pude, vos sabés que vendí todo, no tengo nada y no fue suficiente. Cómo me duele el no poder hacer más, sólo me queda mi vida, pero no vale nada. ¿es que no escuchas el clamor de tu pueblo?. Es en ese momento que María de la Merced se le aparece, sí, la misma Madre del Redentor está frente a él, no puede creerlo, se niega a pensar que es cierto, pero cuando mira su rostro, su sonrisa, esos ojos llenos de ternura, cuando ve sus manos que se acercan a él, siente su caricia, manos fuertes, firmes. Ve sus labios que comienzan a moverse, y salen de su boca palabras que como aceite suave van curando sus heridas, reconfortan el corazón y dan paz a la mente.

 

Escucha de la Madre que es la Trinidad quien la envía, que sus gritos y los de sus otros hijos, los cautivos, han sido escuchados. Que la Trinidad le encomienda seguir con la tarea que estaba haciendo, que Ella misma estará siempre a su lado, para la visita y redención de los cautivos.

 

En nuestras vidas, ¿cuántas veces nos pasa lo mismo?, estamos como impotentes ante tantas situaciones de dolor y muerte, de cautividades. Pedro Nolasco pasó por esa noche de muerte y vida, una Pascua en su vida. También nosotros estamos invitados a vivir nuestra Pascua, para que sepamos iluminar las realidades de cautividad, de muerte que nos rodean. Dejémonos abrazar por María, no para quedarnos con Ella, sino con Ella salir al encuentro de los cautivos, porque escuchamos sus clamores, porque vemos su realidad y queremos comprometernos con la vida como Pedro Nolasco.

 

Fr. Carlos Alberto Gómez