Noticias

Caminando cada día de la mano de María día 23 al 30

Reflexiones y oraciones cotidianas para el mes de la Virgen de La Merced

 

Día 23

 

“No temas, María, porque has hallado gracia a los ojos de Dios…(…)

…para Dios no hay nada imposible.”

 

Qué reconfortantes resultan aquellas palabras dichas por el ángel a la Virgen cuando nos encontramos frente a las opciones cruciales que muchas veces nos toca afrontar en la vida. 

 

Siempre que Dios quiere contar con nosotros para actuar en la historia nos invita, porque el Señor es respetuoso de la libertad que nos ha dado al darnos la existencia y entonces, nunca impone. La aceptación de un camino, el resultado de nuestras elecciones, dependen de nosotros, aquí reside el temor que a veces nos invade, en que nadie decide por nosotros. Y entonces tomamos conciencia de una realidad: el miedo a la libertad. Y muchas veces, sea porque sentimos que no podremos realizar lo que se nos solicita, porque las circunstancias sean adversas, porque tenemos miedo a fracasar, porque las opiniones de la gente “razonable” no están de acuerdo con las nuestras; nos sentimos invadidos por el temor. 

 

Es esperable que así sea, porque Dios quiere contar con nosotros, que somos personas simples viviendo entre sucesos ordinarios,  para actuar de manera extraordinaria. En esos momentos, lo único que nos devuelve la paz es saber que si el Señor nos ha llamado para confiarnos una tarea, es pura y exclusivamente merced a su gracia. Él nos conoce mucho mejor de lo que nosotros mismos nos conocemos; sabe cuáles son nuestros puntos débiles y cuáles nuestras fortalezas y si nos convoca es precisamente porque conoce lo que hay en lo profundo de nuestros corazones. Esta fue la experiencia de María ante el anuncio del ángel, ella experimentó el momentáneo desconcierto, de ahí su pregunta “¿Cómo puede ser esto…?”. 

 

Algo parecido debe haberle ocurrido a Pedro Nolasco, sin recursos personales, sacudido por la realidad de los cautivos y habiendo experimentado ya la alegría de haber rescatado a varios, la angustiosa pregunta decisiva era “¿Cómo seguir?”. Y ahí fue cuando acudió la Madre con la respuesta que mucho tiempo antes le había sido dada a ella, porque si Nolasco pudo realizar la obra de la redención de los cautivos es porque más allá de sus limitaciones humanas y los obstáculos puestos por la dura realidad, él había hallado gracia ante los ojos de Dios. 

 

Contaba con la gracia de Aquel que conocía la nobleza de su corazón, el amor y la misericordia hacia sus hermanos cautivos que lo habían motivado a lanzarse en una empresa que atravesaría los siglos, pero que en aquellos momentos amenazaba con naufragar. Y Pedro, reconfortado por el amor de Nuestra Madre, pudo continuar porque entendió que, en definitiva, la obra emprendida  no era  suya en realidad sino de Dios. Esto le dio la calma, y la lucidez que precisaba para no desesperarse ni paralizarse por el miedo. Por eso pudo continuar. 

 

María de la Merced, cuando el miedo nos asalte, cuando sintamos que no vamos a poder, que no confiamos en nosotros mismos, enseñanos a confiar en Dios. Recordanos que cuando Dios quiere realizar una redención suele contar con nosotros y nos envía en su nombre como lo envió a Jesús, confía en nosotros como confió en vos, nos bendice con su gracia como lo hizo con Nolasco. Madre querida, que tengamos siempre presente que “Para Dios no hay nada imposible” y que estas palabras nos reconforten para que nos comprometamos sin miedo con la obra de la Redención.

 

AVE  MARIA

 


Día 24

 

“Junto a la cruz de Jesús estaba María, su madre…”

 

Hoy es tu fiesta, Madre, tus hijos venimos a festejar con vos. Nos acercamos para manifestarte nuestro amor. Nos desconcierta quizás que el Evangelio que meditamos en tu fiesta nos remita al dramatismo de la Pasión. Porque el discurso a que el mundo nos tiene acostumbrados nos habla de la “buena onda”, de olvidar, de cerrar los ojos para no ver el dolor de los que sufren, de permanecer en la comodidad de lo agradable y lo exitoso según los cánones de la actualidad. Las fiestas que hoy se nos proponen muchas veces pasan por no preocuparnos por el futuro, vivir el momento, si nos aturdimos mejor. La proliferación de las adicciones, sea cual fuera la adicción, tiene en el fondo un común denominador: no sentir, no saber, no ser concientes. Y con respecto al pasado, lo mismo: mejor olvidar, negar nuestra historia porque compromete recordar. Pero estamos aquí, es tu fiesta y hay un Evangelio especial para esta oportunidad.

 

Hoy es tu fiesta te traemos flores, embelezados ante la belleza con que te han representado en tu imagen puesta en el altar, preciosas la ternura de tus ojos y la delicadeza de tus manos que nos invita a acercarnos , a rezar…  Y vos con un gesto de ternura, recibís todo lo que te ofrecemos, pero también nos invitás a pensar.

 

Madre de la Merced, siempre nos remitís al cautivo, nos recordás  que ante el sufrimiento de tantos hermanos nos cabe una responsabilidad. Nos convocás a vivir aquí y ahora pero no desgajados de la historia ni desentendidos de lo que vendrá. Nos hacés mirar  al pasado porque la Orden mercedaria no existiría sin el heroísmo de los hermanos, sin la sangre derramada como precio de tantas redenciones de hermanos, nos invitás a comprometernos con el futuro y a vivir el presente de mercedarios, de redentores, comprometidos con la construcción de un mundo donde haya de verdad justicia y libertad.

 

Y la fiesta es en tu honor, es verdadera, si celebramos de verdad junto a la cruz de los desposeídos, de los que no tienen oportunidad, de los que son excluidos y no tienen opciones, de las víctimas de un sistema que los priva de la libertad. Así lo entendieron nuestros padres fundadores, de ahí el Evangelio que hoy se nos propone meditar. Y es que la cruz, el aparente fracaso es la garantía de la justicia de Dios por encima de toda opresión. Vos permaneciste firme cuando aparentemente nada había para festejar. Pudiste hacerlo porque no olvidaste el pasado, la opresión de siglos de tu pueblo, las masacres, la pobreza, la humillación; y recordaste que el Señor no olvida sus promesas, la historia te había demostrado que la victoria es del Señor, que nuestro Dios es un Dios Redentor. Tuviste fe, María, con tu corazón atravesado, tolerando lo que nadie podría tolerar, viste tu propia sangre derramada y también tuviste que morir, que agonizar, pero tu fe posibilitó la Pascua. Y si pudiste estar junto a la cruz fue porque vislumbraste el futuro, el futuro era la Resurrección. Esta es la fiesta a la que nos invitás. A una alegría de raíz profunda que no nace del olvido ni de la insensibilidad, sino que brota de la confianza en el Dios de las promesas, del presente y del futuro del triunfo de la justicia, del amor verdadero, de la verdad.

 

Madre querida nos unimos a vos en este día en un cálido abrazo de amor, con los mercedarios que nos precedieron y con todos los cautivos que su amor liberó, con los mercedarios que hoy, en todo el mundo, dan testimonio con sus vidas del amor redentor, con los mercedarios que vendrán después de nosotros a continuar la obra que tu amor nos encomendó. Y que esta fiesta, Madre, no termine nunca, que siga despertando nuestra vocación. Por eso te ofrecemos, con todo amor en este día, nuestras vidas para la liberación

 

AVE  MARIA 



Día 25

 

Es una experiencia muy particular lo que ocurre después de una fiesta. Somos muchos a la hora de los brindis, de la cena, de bailar. Después que quedamos cansados de los festejos hay dos cosas pendientes: arreglar el desorden y superar la bajada del estado de ánimo sumada al cansancio con que solemos quedar. Y generalmente quedamos pocos a la hora de limpiar y mantener el entusiasmo que nos despertó en el momento de festejar. Se me ocurre que así sucede con todo emprendimiento que asumimos desde nuestra vocación de servidores. Lo que Dios nos propone siempre es bueno y hermoso, a quién no le va a entusiasmar la idea de ayudar a los que necesitan, de enseñar el Evangelio, de hacer algo hermoso a favor de los demás. En general suele haber muchas personas a la hora de soñar, de proyectar y al empezar.

 

Al principio muchas veces recibimos todo tipo de colaboración que nos llega de afuera; amigos y conocidos se solidarizan y las cosas manos menos marchan. A medida que avanzamos, nos damos cuenta de que las cosas no son tan sencillas como creíamos,  no faltan los imprevistos, lo que creíamos que resultaría fácil parece que no lo es tanto, nos golpea la incomprensión, aparecen los miedos, alguno que se compromete y no cumple, el fantasma tan temido del fracaso que nos persigue y nos deja  a punto de abandonar aquello que habíamos iniciado con tantas ganas. Terminó la fiesta. Muchos se van. Algunos incluso con buenas intenciones para ahorrarnos sufrimientos nos sugieren renunciar. Ese es el momento en que se juega nuestra fidelidad, nuestra capacidad para quedarnos a pesar de todo y  aun contra todo continuar.

 

La que llevó al extremo la fidelidad fue María. Cuando dijo que sí a la propuesta de su maternidad dijo “Sí” a todo lo demás, contagianos tu perpetuo entusiasmo y tu fidelidad. Gracias, Madre nuestra por haber sido tan fiel que a la hora de la muerte de Jesús fuiste capaz de aceptarnos por hijos tuyos a todos los demás. Por ser tu fidelidad el Señor te ha coronado reina de la creación entera, te ha confiado todo lo que el hizo para que todo lo cuidaras con tu amor maternal.

 

AVE   MARIA 


 

Día 26

 

Los mercedarios tenemos como marca distintiva de nuestra vocación una frase que nunca se nos debe olvidar y tiene que ser objeto de constante reflexión para vivir coherentemente en el camino que hemos elegido transitar. No sólo nos comprometemos en la obra de la redención, sino que se nos propone estar “Alegremente dispuestos a dar la vida” en el cumplimiento de nuestra vocación.

 

Es muy fuerte la proposición y hay aspectos en ella dignos de resaltar para que estemos de acuerdo los mercedarios cuando hablamos entre nosotros, cuando decidimos las tareas que asumimos, cuando se trata de comunicar a los hermanos lo que somos en realidad.

 

Un tema es el de la alegría: toda obra hecha para la redención de los hermanos tiene que despertar en nosotros la alegría, esa alegría es la prueba de que estamos haciendo lo correcto, que lo emprendido tendrá como fruto la libertad. Y no sólo esperamos la alegría de aquellos a los que redimimos, somos nosotros lo que tenemos que estar alegres, aun trascendiendo el sufrimiento o el dolor, es una alegría que trasciende la cruz momentánea que implica el esfuerzo redentor. En los momentos del sufrir por los cautivos la forma que toma esa alegría es la de una profunda sensación de paz. La nuestra es la alegría de la Pascua, la perenne alegría  que nos pone en sintonía con la voluntad de Dios.

 

Otro aspecto es el de la disposición, la predisposición, la disponibilidad. Los mercedarios tenemos que estar siempre dispuestos, siempre disponibles para los hermanos, para los cautivos. No cabe para un mercedario la mezquindad a la hora de entregar el tiempo, de buscar recursos o simplemente de ponernos a escuchar. Al contrario cuando un hermano solicita nuestra ayuda por  sencilla que sea su petición, por simple que sea su fe o trivial que nos parezca su pedido, para el que nos busca no es tema menor y no debe ser un tema menor para nosotros. Muchas veces una vida depende de una escucha, otras veces el tiempo que damos a alguien es único gesto de amor que está necesitando para recobrar su fe en Dios y nosotros nos debemos a los hermanos en riesgo de perder la fe. No nos caben entonces  ni la pereza, ni la impaciencia, todo se puede posponer en pro de nuestra solemne promesa, que no es sencillo ya lo sabemos y que muchas veces tendremos que renunciar, también.

 

Y la idea más fuerte contenida en la propuesta mercedaria es la de la entrega de la vida. No hay mucho para decir sobre esto porque la fuerza de estas palabras no deja mucho para agregar. Tal vez tener en cuenta que el dar la vida no siempre es una hecho extraordinario e impresionante ni implica necesariamente derramamiento de sangre, más bien se trata de gestos cotidianos y constantes realizados en la sencillez y la humildad, pro siempre en relación con los cautivos, a favor de los que padecen cautividad. Quizás lo que se necesita es refrescar la propuesta, preguntarnos con alegría y disponibilidad qué significa para cada uno de nosotros mercedarios de este momento, de este tiempo, de esta realidad, estar “Alegremente dispuestos a dar la vida”

 

Pidamos a Nuestra Madre, María de la Merced que nos confirme en nuestra vocación.

 

AVE  MARÍA 


 

Día 27

 

Qué importantes son los signos y los símbolos para nosotros los seres humanos. Somos sujetos de la cultura y del lenguaje. Por los signos nos comunicamos, con los signos nos identificamos, por medio de los signos creamos y en los signos que nos marcan los otros pueden interpretar quiénes somos en realidad. Cuando los signos y los símbolos son sagrados, marcarnos con ellos es cosa de volver sobre los significados para no desvirtuar la profunda realidad que ellos manifiestan.

 

El hábito blanco, el escudo, las cadenas rotas, signos que acompañan la imagen de Nuestra Madre, de nuestro padre fundador, y de los mercedarios en general.

 

La blancura de las vestidura nos debe recordar que debemos conservar la pureza del corazón, la rectitud de intenciones en el obrar, la claridad y la sinceridad cuando nos comunicamos, cuando dialogamos con un espíritu abierto que no tiene dobleces e intenta no malinterpretar, no juzgar sino comprender para ayudar, con un corazón blanco, puro, como portadores de la luz ir al encuentro de los demás.

 

El escudo rojo y  amarillo. Rojo por la sangre, por la vida y el amor, por toda la pasión con que estamos dispuestos a entregarnos; amarillo ( o dorado) porque es oro el tiempo, porque la vida vale más que el oro y sin embargo para nosotros los mercedarios más que el oro y la vida vale la libertad. Y esta convicción la que nos fortalece y nos protege, nuestro escudo es el amor, a la hora de la entrega y del amor demostramos de qué madera estamos hechos en realidad.

 

Las cadenas rotas siempre penden de las manos de la Madre, ella es la redentora con Jesús de toda la humanidad, ella nos libró de la muerte eterna al pie de la cruz, ella socorrió  y alentó a Pedro Nolasco para que continuara en la obra que había empezado y ella nos convoca a continuar con la tarea de la redención. Las cadenas rotas son en todas las manifestaciones culturales, y para nosotros muy particularmente un signo de la liberación.

 

Los frailes llevamos un hábito del color del de la Virgen, los mercedarios en general portamos el escudo, ilustramos nuestros libros, decoramos nuestros templos y altares con  cadenas rotas. Pero lo importante es no quedarnos distraídos en la belleza de esos signos  sino  resignificarlos a diario y manifestar en nuestra vida las verdades que ellos representan.

 

Madre de la  Merced, danos la gracia de honrar con nuestras actitudes diarias los símbolos de nuestra orden que nos legaron los hermanos desde tiempos antiguos y que hoy nos comunican e identifican a todos los mercedarios.

AVE  MARIA 


 

Día  28

 

Para poder ir de verdad al encuentro de otros es imprescindible que primero podamos encontrarnos con nosotros mismos. Muchas veces escuché que tenemos que ser como María, que tenemos que ser como Nolasco y a causa de esas frases me he preguntado reiteradamente qué significaba “ser como…”. Porque al fin y al cabo cada uno de nosotros es único e irrepetible, no existen dos seres humanos iguales y la palabra “como” nos introduce a una comparación de igualdad. Meditando acerca de estas cosas descubrí que Dios quiere que nos encontremos con nosotros mismos en primer lugar, que seamos auténticamente libres para que entonces recién podamos ayudar a ser libres a los demás. Se nosotros mismos implica perderle el miedo a la libertad, no escapar de nuestros sentimientos, atrevernos a pensar, a intercambiar ideas con los otros para crecer y madurar (algo que es tarea de toda nuestra vida), ser capaces de valorar el cariño para poder amar de verdad, aprender a comunicarnos sin temores a compartir con los otros nuestra verdad personal, sin temor al rechazo, libres de los prejuicios con que nosotros mismos nos rotulamos y nos desvalorizamos a nosotros mismos, que muchas veces hacen que nos deprimamos y que nos ocultemos ante los hermanos.

 

Ser como Maria, como Nolasco, pienso que significa llegar a tener su humildad, su capacidad de aceptarnos como somos para poder amar en libertad. Porque sólo es capaz de amar sanamente el que es humilde, el que acepta plenamente su humanidad porque eso nos capacita para aceptar la humanidad, los límites del otro y a valorar a todos los hermanos. La riqueza de la comunidad es precisamente nuestra diversidad. Ser como Nuestra Madre y nuestro padre fundador implica en realidad ser nosotros mismos y permanecer unidos a los otros en el amor con espíritu de humildad.

 

María de la Merced enseñanos a ser humildes como vos para poder amar con libertad.

 

AVE  LIBERTAD 



Día 29

 

Cuánto cuesta reconocer a Jesús en los hermanos y qué difícil resulta descubrir la presencia de Dios en un mundo donde convivimos con tantos crímenes y tanta violencia. Muchas veces uno se pregunta cómo es posible que algunos se degraden tanto oprimiendo y dañando a los demás. Recapacito y acepto que a salvar a este mundo vino Cristo y murió por todos los hombres sin excepción. Su ruego al Padre:

 

“Perdónalos por lo que no saben lo que hacen” es la prueba más clara de ese amor. Me asombra, me resulta difícil, descubro que mis criterios son abismalmente distintos a los de Dios. Busco un apoyo para seguir creyendo, para comprometerme con la realidad y creer que verdaderamente el mundo puede cambiar y que los hombres son capaces de convertirse, encontrarse con Dios  e integrarse en una fraternidad universal. Y mi búsqueda me lleva a encontrarme con María, me encuentro con la mujer invencible en su fortaleza, inquebrantable para superar cualquier dificultad. La madre que aceptó toda la miseria humana, que sufrió en su carne, la misma de su hijo, todo tipo de violencia, de injusticia, de crueldad; y no sólo resistió los embates del pecado, tuvo la fuerza y el valor de aceptar ser madre de todo la Humanidad.

 

Madre de la Merced, necesito  tener tu amor y tu fortaleza, dame tu  capacidad para comprender y tu solidaridad.

 

AVE MARIA


Día 30
Hemos compartido un camino hermoso iluminados por la presencia de María que todo lo hace claro y simple. De su mano nos ha llevado al encuentro con Dios a partir de una mirada cuidadosa a los hermanos, en ellos , en los cautivos hemos podido descubrir a Jesús quien se ha identificado con los que sufren, con los olvidados, con los oprimidos.

 

Movido por el Espiritu Santo en la Sinagoga de Nazareth, el Señor enseñó que el anuncio del Evangelio a los pobres, a los cautivos es una clara manifestación de la presencia del Reino entre nosotros. Tomando esta Palabra esclarecedora y liberadora, Pedro Nolasco se lanzó a la obra de la redención de los cautivos y cuando sintió que ya no tenía riquezas materiales para ofrecer por sus hermanos, buscó amparo y abrigo en Nuestra Madre. Y ella se hizo presente con sus tiernas caricias para alentarlo a seguir con la obra , a no decaer ni dejarse invadir por el desánimo. En nombre de la Santísima Trinidad Nuestra Señora le invitaba a experimentar en total libertad el mayor gesto de amor, siguiendo la enseñanza de Cristo: "No hay mayor amor que dar la vida por los amigos". Y él se hizo amigo de los cautivos es decir que fue capaz de comprometer por ellos la vida misma.

 

María pudo sucitar un gesto enorme de libertad porque ella fue la mujer libre. Fue libre cuando aceptó la invitación de Dios para que Jesús encarnara en sus entrañas. Fue libre para cantar con el alma el Magnificat, ese grito de rebeldía frente a la opresión de su pueblo y ese canto jubiloso que anuncia el cumplimiento de las promesas de un Dios que no abandona y nunca olvida. Fue libre en la hora del nacimiento, en la total pobreza, se animó dar a luz en un pesebre porque "no había lugar" para ella ni su hijo, fue libre aun siendo una excluída. Fue libre para ofrecerlo en el templo a los pocos días de nacido y aceptar la profecía que le anunciaba las espadas de dolor que la atravezarían. Fue libre para jugarse en la huída a Egipto cargando al niño y dejándolo todo en busca de una vida en lugares desconocidos. Fue libre y dejó ser libre al Hijo cuando él se quedo en el templo tres días y guardó en el corazón las respuestas del Jesús adolescente que empezaba a distanciarse de ella y caminar su propio camino. Fue libre en Caná para interceder ante Jesús y pedirle que ayudara a los que lo necesitaban. Fue libre al pie de la Cruz cuando eran su carne y su sangre las que se entregaban y aceptó ser la madre de todos nosotros y no sólo por aquel entonces. María es la madre que nos acompaña y nos bendice todos los días de nuestra vida. Ella nos enseña a amar de verdad porque nos enseña a amar en libertad y con alegría, y no hay amor sin libertad y sin alegría. Esto lo entendieron los primeros mercedarios, de ahí que se comprometieron a estar "alegremente dispuestos a dar la vida".  

 

Pidamos a Nuestra Madre el don de la alegría, miremos cómo paso a paso de su vida fue optando en libertad por el amor mayor y por eso fue feliz y todas las generaciones la llaman bendita. Ella es nuestro modelo a seguir, la que nos convoca como a Nolasco, a ser valientes a no quedarnos de brazos cruzados ante los nuevos cautivos, a aceptar el deafío de ir al encuentro de los hermanos, a ser comunidad  libre para poder ser liberadora, porque son muchos los que nos necesitan; a no quedarnos con las puertas cerradas , a abrirnos a los otros para compartir la riqueza de la gracia que el Señor por medio de Ella nos envía.

 

Madre de la Merced infúndenos tu amor, tu esperanza, tu valentía. Danos tu mirada, tus ojos misericordiosos, tus manos que acarician, haznos libres y solidarios, danos tu creatividad, tu generosidad, tu energía. Ayudanos a encontrar el rumbo para ser de verdad comunidad comprometida, a fin de que podamos como vos , como tu Hijo, como Nolasco, amar de verdad a los hermanos que sufren y que por ellos nos propongamos estar dispuestos a dar alegremente la VIDA.

 

AVE   MARIA