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Caminando cada día de la mano de María

Reflexiones y oraciones cotidianas para el mes de la Virgen de La Merced

 

Introducción:

Si algo percibimos las mujeres y los hombres de esta época  a la hora de afrontar nuestra cotidianeidad es la sensación de desamparo. Sin duda atravesamos un período que algunos llaman “época de cambio” y otros caracterizan como “cambio de época”. El caso es que nuestros esquemas mentales y paradigmas de acción muchas veces son sacudidos por la realidad: el mundo ha cambiado aceleradamente y nuestra cultura posmoderna ha puesto en tela de juicio las múltiples respuestas que otrora daban significado a nuestra forma de ser cristianos y vivir la fe. Porque la fe es un don de Dios, su Palabra es eterna, pero nuestro seguimiento del Señor debe ser vivido en unos lugares y espacios concretos, así ha sido a través de los siglos. La experiencia de la fe tuvo modos de vivencia y expresión diferentes en la Antigüedad, en la Edad Media, en el Renacimiento, en el siglo pasado…

Es que el mensaje de Liberación que ofrece el Evangelio tiene todas las respuestas que precisamos para vivir con dignidad en todos los lugares, en todos tiempos, y está dirigido a todos los seres humanos creados por un Dios cuya gloria es la felicidad de sus criaturas.

Hoy, el mensaje proclamado por Jesucristo y encarnado en el corazón y las entrañas de María sigue siendo el tesoro que nos ha sido dado para que proclamemos la Buena Nueva a los pobres, anunciemos la libertad a los oprimidos, devolvamos la  vista a los ciegos, y sostengamos que  aun en medio de las tribulaciones y las dudas podemos vivir “el año de gracia del Señor.

El poder realizar nuestra vocación cristiana depende de la humildad y el amor con que nos acerquemos a todos nuestros hermanos, los reconozcamos, valoremos su vida, intentemos comprender sus experiencias y ofrecer la Palabra que libera cuando sentimos que “nos hundimos”, que a nuestro alrededor todo tambalea, todo es puesto en tela de juicio, todo lo que dábamos por sentado hoy está atravesado por la crisis; que la crisis también sacude nuestras vidas; que por momentos tenemos miedo, que por momentos nos sentimos impotentes.

El Evangelio hoy más que nunca nos cuestiona, abre para nosotros múltiples interrogantes, nos interpela sobre el testimonio que debemos entregar a todos nuestros hermanos, nos reclama encontrar la forma de llegar al corazón de la gente con espíritu de verdaderos servidores, de seguidores de Aquel que vino “no para condenar al mundo sino para que el mundo se salve por Ël”.

Ante nuevos desafíos, sin duda debemos ser originales: volver al origen. Y lo original del Evangelio pasa por lo que Jesús nos ha pedido desde siempre: VIVIR EN EL AMOR; LA JUSTICIA; LA VERDAD; LA LIBERTAD. ¡Tremendas palabras!, tan fáciles de decir, tan difíciles de vivir con autenticidad. Palabras que a la luz de nuestra época debemos resignificar teniendo en cuenta la realidad, preguntarnos cómo vivir el amor infinito de Dios hoy día y dar testimonio de que ser cristianos significa ser libres y felices, ser desbordados por ese Amor para que el mundo crea y se salve.

Y si de volver al origen se trata, sin duda que el origen de la vida de todo ser humano, está en las entrañas de su madre. Y nuestra Madre , la de toda la humanidad, es María.

María de la Merced se hizo presente concretamente en una noche de la historia, conmovida por el llamado de aquellos hijos que pedían ser liberados de una situación histórica y sociocultural de opresión. Y hoy puede hacerlo nuevamente. Ella puede enviarnos de nuevo a la tarea de ser redentores y liberadores con Jesús, como lo hizo con Nolasco. Y como ocurrió con Nolasco, sus primeras palabras serán para nosotros, palabras de consuelo y esperanza, ternura hecha palabras y caricias de Madre que nos remiten a la infancia, a creer, a amar con corazón de niño para vivir y compartir con otros el Reino: con los más marginados y olvidados; con aquellos excluidos que no tiene esperanza; con aquellos que muchas veces son proclamados pecadores de antemano, condenados incluso sin ser escuchados.

Por eso y para eso nacieron estas palabritas; para ayudar a acercarnos a Nuestra Madre, María, y encontrar en ella nuestro consuelo, nuestro abrigo, nuestro alimento, nuestro descanso. Sobre todo para recibir de ella la fuerza y la alegría con que ella cantó el Magníficat , valiente y solidaria al extremo con su pueblo.

Que María de la Merced nos nutra con su amor y que el Espíritu santo nos ayude a encontrar alegría y libertad en estos textos que han nacido del amor y pretenden ayudarnos a fortalecer la fe, a fin de encontrar y ofrecer un mensaje liberador para las mujeres y los hombres de hoy.

 

Día  1

Caminando por la plaza, como  quien no piensa en nada en particular, de pronto me encontré con una imagen simple y cotidiana: una niña pequeña que llora, su madre la abraza y la chiquita comienza a sonreir. La belleza y la simplicidad de la escena me hacen detenerme y pensar. Pienso en Nuestra Madre, María.

Es ella la que nos abraza cuando estamos caídos, cuando estamos desconsolados. Y en ese abrazo cálido y lleno de ternura nos libera de nuestras angustias, de nuestras fatigas, de nuestras desesperanzas.

Madre querida:

Que yo pueda recurrir a vos en mis momentos de duda, de dolor, de tristeza. Que pueda sentir tu amor que todo lo abraza. Libérame lo que me impide sonreir y ser feliz.

En este día te ofrezco mis manos, mis brazos. Que siempre tenga un corazón misericordioso como el tuyo para abrazar a todos mis hermanos, sobre todo a los que sufren, tal como lo hiciste vos.

AVE  MARÍA

 

Día 2

Esta mañana el sol se elevaba lentamente por encima de las nubes e iba iluminando el día que de a poco llegaba  augurando encuentros y construcciones a realizar. ¡Qué hermoso contemplar el amanecer! ¡La promesa de otra jornada llena de luz y de vida! Doy gracias a Dios por este nuevo día  y pienso en otros hermanos. En aquellos que sólo hacen silencio, cuya vida transcurre en la oscuridad, rodeados por las nubes de la desesperanza…

María de la Merced, vos que nos diste al “sol que viene de lo alto, para guiar nuestros pasos por la ruta de la paz”, vos que sos la esperanza de la humanidad, la “vida, la dulzura y la esperanza nuestra”; te pido por todos mis hermanos que tu amor disipe los nubarrones del vacío y la soledad. Y que yo no sólo confíe en tu misericordia, sino que yo mismo sea con mis gestos, mi trabajo y mis palabras, una prolongación de tu amor que les devuelva la esperanza.

AVE MARIA

 

Día 3

 

Hoy, Madre querida, siento el deseo y la necesidad de dejar sobre tu altar un ramo de flores…simples, sencillas, llenas de color, de belleza, de humildad. Con cada una de ellas van mis ilusiones, mi compañía  y también mi ocasional soledad.

Las dejo para vos con la confianza y el amor que un niño acerca flores a las manos de su madre para recibir de ella una mirada, una sonrisa, una caricia llena de ternura. Y si alguien se acercara a pedirte que le des tu compañía, que lo liberes de la soledad o que alimentes sus ilusiones, por favor dale las flores que ya no son mías sino tuyas, porque las he dejado en tu altar                   

AVE  MARIA

 

Día 4

Muchas veces el día se nos vuelve triste  a causa de hechos que exceden nuestros límites, que están más allá de nuestras posibilidades  reales de cambiar las cosas. Hoy mientras viajaba en colectivo escuchaba noticias terribles sobre guerras y muertes. La tristeza me invadió por dentro, el dolor por vidas mutiladas, por vidas perdidas y te busqué, María, como de niño buscaba a mi madre, a la que me dio a luz. Te busqué porque un hijo que cuando llora de dolor o de tristeza, busca siempre a su madre. Y no te busqué sólo por mi propia tristeza. De mí brotó una oración por las víctimas de la violencia. Y también te pedí por aquellos que tiene el corazón duro y el poder para acabar de una vez con tanto sufrimiento, que sean capaces de recapacitar y respetar el valor sagrado que tienen la vida y los derechos de sus semejantes.

Madre querida, te pido por mis hermanos que sufren cualquier tipo de violencia, y también por mí: no permitas que me sea indiferente el dolor de mis hermanos. Y que siempre trabaje por la paz, como un verdadero hijo de Dios.

AVE MARIA

 

Día 5

Muchas veces miramos las cosas sin verlas de verdad, otras veces se nos escapan los detalles importantes y no percibimos aquello que por su obviedad suele pasarnos desapercibidos. Hoy me detuve a mirar la imagen de Nuestra Madre de la Merced y contemplándola me detuve en el escudo. Ella lleva el mismo escudo que tantas veces portamos los que nos llamamos mercedarios… ¡Qué compromiso   identificarnos con él y atrevernos a llevarlo! 

Llevar tu insignia, Madre, es animarnos a caminar un camino con coraje para asumir la propia libertad, para enfrentar libremente los desafíos de la vida, para animarnos a prometer que somos capaces de dar la vida por los demás…

Madre querida, que pueda tener una fidelidad como la tuya, que llegue a compartir tus sentimientos; que ante la cruz, como vos, pueda permanecer de pie; para que el escudo que llevo en mi pecho, esté grabado también sobre la carne de mi corazón.

AVE  MARIA

 

Día  6

María dijo que sí a la invitación que  Dios le hizo. Aquella invitación para que fuera madre de Cristo hizo que su vida cobrara un sentido profundo y tomara dimensiones de Redención para toda la humanidad. Su vocación asumida de maternidad universal la hizo feliz, hizo que todas las generaciones la llamaran y la sigan llamando “feliz”. “Feliz vos, María,  porque creíste que de cualquier manera se cumpliría lo que te fue prometido de parte del Señor.

Madre querida, te pido que me ayudes a descubrir cuál es el camino que Dios quiere que recorra, qué es lo que Él quiere para mí. Que yo pueda responderle  “Aquí estoy para hacer su voluntad”, que en mi respuesta sea generoso y confiado como vos. Por eso te ofrezco mi corazón, ese lugar de las decisiones más importantes, donde se define nuestra historia y los pasos que damos en nombre del amor.

AVE  MARIA

 

Día 7

El desafío cotidiano no es simplemente alegrarnos, sino ser capaces de conservar la alegría, mantener viva la alegría más allá de las dificultades, defender la alegría de las asechanzas del mal humor, el aburrimiento, la ira. Salvar la alegría frente a las dificultades, no permitir que los opresores nos quiten la alegría. Porque el pecado que asecha, se nutre y se hace fuerte cuando perdemos la alegría. Por que no hay libertad posible si perdemos la alegría.

El encuentro de María con Isabel es un momento intenso de alegría, en medio de las dificultades de su maternidad tan poco convencional y tan arriesgada, la Madre es una comunicadora de alegría (el niño, Juan Bautista, saltó en el vientre de su madre, movido por la alegría).

Más allá de las dificultades, de las monótonas quejas referidas a “los tiempos difíciles que vivimos” que tantas veces escuchamos, cabe la reflexión de que nunca fue fácil ser feliz ni ser libre, que en definitiva son los encuentros con los otros los que nos ayudan a trascender los obstáculos en la vida.  La soledad abona la tristeza, el encuentro con la Virgen siempre nos devuelve la alegría. 

Madre de la Merced, vos nos traes siempre a Jesús, vos sos la causa de nuestra alegría, ayúdanos a caminar siempre en tu presencia.

AVE  MARIA 

 

Día 8

Cotidianamente podemos ver y escuchar en los medios de comunicación los múltiples flagelos que acechan a nuestros adolescentes y jóvenes: el alcohol, las drogas.... En una oportunidad una mamá me compartía su preocupación al respecto y se preguntaba cómo hacer para cuidar a sus hijos frente a tantos peligros que son nuevas formas de cautividad. Y en realidad no es que antes no hubo riesgos para los jóvenes, los había de otro tipo. Si lo pensamos, en los primeros siglos del cristianismo nuestros hermanos se encontraron en medio de una sociedad violenta que no sólo no propiciaba los valores del Evangelio, sino que directamente perseguía y asesinaba de los modos más atroces a los cristianos. La violencia de circo romano no era  ficción como la que hoy muestra la TV. El mal trato a las mujeres y los niños, los desórdenes sexuales y la promiscuidad eran prácticas comunes en la época. El respeto por la  dignidad de la persona no existía, había esclavitud, la voluntad absoluta de los reyes y emperadores disponía sobre la vida de los seres humanos. Y en ese tipo de mundo le tocó a Nuestra Madre criar y educar a su Hijo. La huída a Egipto para poner a su bebé a salvo, la vivencia de opresión y pobreza de su pueblo, los días de angustia cuando Jesús se quedó en el templo… Tener que aceptar que los hijos eligen su propio camino y aunque se quiera protegerlos de todo, en realidad esto es imposible.

Madre de la Merced te pedimos que le des fortaleza a nuestras madres para que puedan  educar a sus hijos en el amor, la justicia y la libertad. Y si alguno cayera en desgracia ayuda a la familia a encontrar la salida buscando el apoyo de los hermanos.  Que nuestras mamás, como vos, confíen en Dios que nunca desoye la oración de una madre. Te ofrecemos hoy nuestras madres, nuestras familias.

AVE   MARIA

 

Día 9

Este invierno no se dieron demasiados días de frío riguroso pero hubo unos cuantos y seguramente algunos hermanos los sufrieron. No sabemos cuántos son los pobres que conviven con nosotros en esta ciudad  pero en realidad no debería haber ninguno. Y ante las múltiples carencias de nuestros hermanos es  bueno cuestionar nuestras convicciones y nuestro compromiso. Si una madre llora porque el hambre y el frío hace sufrir a sus hijos, si muchos no acceden a una  atención adecuada a la salud mientras otros son condenados a la ignorancia, además de clamar al cielo, es preciso comprometernos a favor de la justicia. Pero no cualquier justicia, porque si somos cristianos para nosotros es Justicia  la que enseña el Evangelio, la que privilegia a los pobres  y a los excluidos con quien de identificó Cristo.

Cuánto nos interpela Jesús presente en los hermanos, cuánto podemos aprender de tantas madres que lejos de renegar de Dios lo buscan como refugio, porque en su corazón saben que el Señor ama la Justicia y el derecho.  

María, tú que tuviste a un hijo muerto entre tus brazos, te pedimos por todas las madres que luchan día a día por sus hijos. Y te rogamos para que nuestro corazón no se endurezca ni se acostumbre ante el dolor ajeno, sino que seamos capaces de entregar nuestro tiempo, nuestro dinero, nuestro amor…todo lo que está en nuestras manos para aliviar el sufrimiento de nuestros hermanos.

AVE  MARIA

 

Día 10

Hay muchas necesidades en el mundo, algunas secundarias otras vitales; algunas supérfluas y otras legítimas. Pero de todas las necesidades que sufrimos los seres humanos y la misma creación, la más grande, la que está detrás de todos los males, de todos los sufrimientos, de todas las opresiones es la necesidad de amor.

Muchas veces nos sentimos sumergidos en un mundo lleno de temores donde muchos viven enfrentados por el odio; otros debaten su existencia entre el cálculo y el miedo: miedo de hablar, miedo de pensar,  miedo a opinar, miedo a salir a la calle, miedo a los demás, miedo a compartir y perder, miedo a amar y a entregar, miedo a expresar, miedo a abrir la puerta y a dejar entrar, miedo a ayudar, miedo a vivir…miedo a morir. Miedo a tender la mano de verdad con generosidad. Y el miedo nos impide ser felices porque no nos permite ser libres, y si no somos libres no podemos amar en realidad, porque el amor sólo es compatible con la libertad.

Miro mis manos Madre y pienso en tus manos, manos que saben acariciar, suaves para dar cariño y firmes para sostener y cuidar. María acaricia mi corazón y volvelo dócil al llamado del amor, enseñame a confiar en Dios y en los demás, llename de ternura. Hoy te ofrezco mis manos: capacitame para dar.

AVE   MARIA

 

Día 11

No sé si era el medio día, la hora de volver rápido a casa lo que hacía que la gente pasara apresurada y sin mirar, o si sería el sol quemante del verano que cegaba hasta los ojos del corazón. El caso es que pude ver en medio de bullicio y el ir y venir constante, al chico tendido en la vereda, en la más absoluta soledad, con los ojos vacíos y perdidos, desorbitados, clavados en la nada. Pude oír los gritos de la madre pidiendo que alguien la ayudara. Otra vez la droga: una víctima más. Ya se han hecho cotidianos este tipo de episodios, a nadie le sorprenden. Es como si nos hubiéramos acostumbrado a convivir con la enfermedad, y más aún pareciera que la comunidad no tuviera nada que ver con esta realidad. Y que sólo nos cupiera escandalizarnos, hacer comentarios ya reiterativos, culpar a una u otra institución o lisa y llanamente condenar. Condenar aquello de lo que nos sentimos limpios, escandalizarnos de aquello que seguramente nunca nos va a tocar, comentar para matar el tiempo, descargar la angustia y después olvidar.  

Y quizás tendríamos que preguntarnos cuál es el faltante que la droga viene a reemplazar, qué les está pasando a nuestros chicos que busca tan equívocamente la felicidad, porqué de pronto su vida vale tan poco que la van directamente a desperdiciar.

Y sobre todo, cuáles son las respuestas que, como adultos, tenemos el deber de dar. ¿Será que somos buenos referentes? ¿Acaso son los niños y los adolescentes los que organizan y manejan la sociedad? No se trata en sí de culpas ni de fracasos. Se trata de animarnos a cambiar, a poner primero a los chicos, a asumir nuestra responsabilidad, a terminar con los mensajes de desesperanza, a no apagar las pasiones ni los ideales, a otorgarles a los “pequeños” un poco de esperanza , a ser coherentes con lo que decimos, a no ser tan descarnadamente escépticos, tan “realistas” en el peor sentido ( el que no cree que las cosas puedan cambiar). Tendríamos que dejar de educarlos para el consumismo,  cuidarnos de hacer cosas que los vayan a escandalizar. Es hora de cuidarlos y hacerles compañía, de darles el amor que se merecen , de brindarles comprensión, de no criticar el tiempo que les toca vivir y es tan distinto del nuestro, de no subestimar su cultura ni sus pensamientos, de no afirmar que nosotros éramos mejores, de no dar recetas antes de escuchar. Es hora de abrazarlos con cariño y con ternura, de ayudarlos a crecer, aceptar que son distintos a lo que fuimos nosotros, que su tiempo es este y de tratarlos con bondad.    

Madre de la Merced, te pedimos hoy por nuestros jóvenes bendícelos con tu amor. Y enseñanos a ser generosos y comprensivos, a tener mucho amor para poderlos ayudar.

AVE  MARIA

 

Galería de imágenes de María de La Merced:

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