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Reflexión "Y María se hizo presencia" - 1 y 2 de agosto 2011

Y MARÍA SE HIZO PRESENCIA

  Eran días difíciles, la vida estaba en peligro, tiempos violentos donde la fe tambaleaba por las realidades terribles que atravesaban. Cautivos, sin nombre, con pasado pero sin futuro, no eran hombres sólo mercancía para vender.

  Un comerciante con todas las letras, descubre que son personas. Descubre el rostro sufriente de Cristo y se embarca en la tarea de liberarlos, de devolverles la dignidad. Compra a los cautivos, pero lentamente ve que sus fondos merman considerablemente. No sabe qué hacer, cómo seguir ayudando.

  Una crisis atraviesa su corazón, sus entrañas se conmueven profundamente ante el dolor de estos hermanos. Está en una noche de su vida con una meta: la libertad de los oprimidos, pero sin medios. Esa noche encuentra abierta la Iglesia, mira y ve la luz del Santísimo encendida, una luz en medio de su noche. Se acerca y comienzan a brotarle, más del corazón que de sus labios, las palabras de angustia por los cautivos, quiere sacarlos de la esclavitud y mira sus manos vacías.

  Con lágrimas en los ojos que corren por sus mejillas, como ríos en crecida, trata de encontrar una salida. Allí muy cerca está María, la Madre, la mira y siente de pronto que ella lo mira y le sonríe. Sorprendido se acerca mientras se frota los ojos. No solo le sonríe sino que comienza a mover los labios, María le habla y cada palabra que sale de su boca es como una caricia en el corazón: “Hijo mío, me envía la Trinidad a decirte que sigas, tengo el encargo de estar con vos en esta tarea, porque son mis hijos quienes están cautivos y juntos trabajaremos en su liberación”. Pocas palabras, suficientes para que Nolasco se llene de la gracia de Dios, para que el fuego del Espíritu lo inunde y penetre hasta lo más profundo de su ser.

  Una noche del 1 al 2 de agosto sucedió esto, hace casi 800 años. Y hoy son las mismas palabras que resuenan para nosotros mercedarios y mercedarias, no dejemos de estar en medio de nuestros hermanos cautivos, no nos dejemos vencer por el desánimo, sino que pesemos que tenemos a nuestra Madre, que Ella está con nosotros, es presencia viva en el mundo de las cautividades, por eso es aliento en nuestra tarea.

  Nuestros esfuerzos y compromisos deben estar allí, en medio de las cautividades aunque a veces  nos falten las fuerzas, aunque nuestras  manos estén vacías está la Madre que nos sonríe y nos habla, que nos conduce con suavidad y firmeza y nos alienta a no decaer en la tarea de ser redentores con Jesús.

Fr. Carlos Alberto Gómez

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