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Carta del Superior Provincial a los jóvenes del encuentro de verano

Hace más de 30 años, charlando por los pasillos del León XIII, más tarde en reunionesde estudiantes en “la cocinita”, un grupo de religiosos estudiantes fueron tratando dedar forma a las voces de otros jóvenes que se escuchaban en los grupos de las casasreligiosas, donde nos encontrábamos. Esas voces decían “qué lindo sería encontrarnoslos que compartimos un carisma”, “qué bueno sería juntarnos los mercedarios”.
  Al principio se hablaba solo de reunirnos para compartir y conocernos, pero las palabrasy los sueños cuando se los pone en las manos de Dios son como los cinco panes y dospeces del Evangelio, se los damos a Jesús para que Él haga el milagro.
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  Nos encomendamos a San Pedro Nolasco, a María, nuestra Madre de la Merced,consultamos con los formadores, hablamos con el Provincial y, poco a poco, fuehaciéndose realidad el sueño. Para dar vida a un sueño hace falta desvelarsereiteradamente, es así que muchas veces nos quedamos hasta altas horas de la nochepensando y planificando cómo sería este encuentro.
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  No podía ser pensado solamente por los religiosos porque, sobre todo, era yes un “encuentro de jóvenes mercedarios” donde laicos y religiosos, por igual,compartimos nuestro carisma.
  Por eso es que lo central está en la espiritualidad mercedaria, espiritualidad de libertady redención, de presencia activa en medio de las cautividades. El desarrollo de lostemas acerca de Pedro Nolasco, María de la Merced, sobre la libertad, fue dando lugara sentir que hablábamos de lo mismo.
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  Una oración común, un lenguaje común, una espiritualidad común, todo nos hablabade La Merced. Hoy, a 30 años de aquel momento, recordando a los que dieron losprimeros pasos, a aquellos jóvenes (hoy adultos como yo), muchos de los cualeseligieron su vocación profesional en base a la espiritualidad de entrega de la vida alservicio, no puedo menos que dar gracias por las semillas de libertad que el Señor fuesembrando en cada uno. Por eso es que miro con alegría y esperanza a los jóvenesde hoy y me animo a invitarlos a que sean capaces de vibrar desde lo profundo delcorazón, desde las entrañas de misericordia, encarnando la espiritualidad mercedariapara que cada palabra, cada oración, cada canción nos hable y nos lleve a ese Jesúscautivo en los cautivos de nuestro tiempo.
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  Como decía el beato Juan Pablo II: que nos animemos a remar mar adentro, a buscar lomejor de los encuentros de jóvenes para hacerlo vida hoy.
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  Que María de la Merced los acompañe durante estos días, los tengo muy presentesen las oraciones y nos encontraremos en la Eucaristía para compartir con un corazón joven.
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Fr. Carlos Alberto Gómez