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10 de agosto de 1218 - 10 de agosto de 2010

Junto a este compromiso de Nolasco de reafirmar el carisma hace setecientos noventa y dos años, surgen los rostros de personas, hombres y mujeres,  que a lo largo de la historia se han embarcado en esta aventura de libertad!

  Nolasco es el joven que corrió tras la utopía y se entregó con ese entusiasmo juvenil que cree que todo lo puede!

  ...pero las fuerzas cayeron , se le bajaron los brazos, como a nosotros tantas veces cuando el mundo no responde a nuestros sueños  y en apariencia todo sigue igual!.

  María aparece en escena, está ahí sosteniendo, ayudando a seguir.

  Y nos invita a redoblar la apuesta: “Que nuestros sueños sean el Sueño de Dios”

  Este segundo sí de Nolasco fue aún más valioso, porque despojado, volvió a jugarse por la vida!

  Y claro es hermoso decir si con el fervor del principio, pero decir sí en medio de la soledad, la angustia y el vacío, es tarea difícil!

  Y esta actitud de dar la vida nos centra frente a Dios, despojados de nuestros propios proyectos, de aquello que nos da seguridad.

  Nos despojamos de "ese reconocimiento de los más cercanos que anhelamos", de "esas personas que creemos insustituibles ", de "esas ideas que pensamos inmejorables y que a nadie le van"

  Y dale que va, seguimos sacando "capas" de la cebolla en medio de lágrimas para  encontrarnos frente al Padre Bueno que nos recibe sin nada para El llenarnos de todo.

  Es ahí cuando el sí se convierte en piedra preciosa porque sólo es el sí al Padre. Yo y Dios, Dios y yo.

  El diez de agosto recordamos la fundación de la Orden

  Es el momento en que nos presentamos frente al Señor y El nos "vuelve a fundar en este servicio redentor pleno de rostros de hermanos y hermanas que sufren el frío de la cautividad.

  Hoy  nosotros, jóvenes y adultos que corremos tras el ideal, con toda la fuerza de los años y de las utopías, estamos renovando junto a Nolasco la certeza de que dar la vida vale la pena.

  Feliz día para todos los hermanos y hermanas que un día pusieron las manos en el arado y no volvieron atrás!  Ana Abchi – Fraternidad Laical Mercedaria