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135 aniversario de la fundación Mercedarias de la Caridad

16 DE MARZO, 2013

Celebración del 135 aniversario de la fundación

Mercedarias de la caridad:

la vida como servicio de amor liberador

 

Canto de ambientación: “Mercedaria somos…” (A ti, P. Zegrí, p.7)

Ambientación.- Estamos celebrando el “Año de la Fe” promovido por el papa emérito, Benedicto XVI. En el marco de esta celebración hacemos memoria gozosa de la fundación de nuestro Instituto por el beato Juan Nepomuceno Zegrí y Moreno. Esta celebración supone, en otras muchas cosas importantes:

-          Vivir con radicalidad la centralidad de nuestra vida en Cristo, traduciendo esa radicalidad en gestos de caridad redentora y de entrega sencilla y cotidiana al estilo de la Mujer creyente por excelencia, nuestra Madre de la Merced.

-          Expresar, de todos los modos posibles, la gratitud, la alabanza, la acción de gracias por el carisma recibido en la Iglesia.

-          Abrirnos a la novedad del Espíritu y a la gozosa esperanza de la misión que aún nos queda por realizar en el mundo como mujeres creyentes y mercedarias de la caridad.

La fe implica el conocimiento de una acontecimiento salvífico, la confianza en el don recibido y en la Palabra divina que conduce nuestra eixtencia a la luz y bajo el impulso del Espíritu Santo. La comunión de vida con Cristo y la protección y guía de María, no puede surgir ni ser experimentada sino en una vida entregada a los hombres y mujeres que esperan, a veces sin expresarlo ni reconocerlo, la liberación que viene solo de la esperanza y la fe en la misericordia y la ternura infinitas que es Dios; del cual, Juan N. Zegrí nos veía siendo el rostro humano, la caricia que Lo revela, la acogida en la que ese Dios se dice como Amor que redime todas las situaciones de esclavitud, marginación y sufrimiento.

  • Presentación de símbolos (según creatividad… y mostrando la realidad de la misión)

I. Con la vida convertida y centra en Cristo

Tener la vida centrada en Cristo supone vivir comprometidas con el evangelio y seguir los pasos del que se ha hecho compasión visible y palpable entre los más humildes y necesitados. Nuestra dfelicidad está en no perder de vista al que es Camino, Verdad y Vida. Como hermanas mercedarias de la caridad, todo el mundo, la creación entera, es la heredad que Dios pone en nuestras manos para hacerla partícipe de sus dones. Pero antes hemos de acogerlos y vivirlos… Las palabras de nuestro fundador y la Palabra de Dios irán iluminando este momento orante y celebrativo en el que queremos unirnos a toda la Congregación y a cuantos comparten el carisma recibido en la Iglesia en la persona del Beato juan N. Zegrí y de cada mercedaria de la caridad, unidas a esos brotes nuevos mercedarios de la caridad que van surgiendo y fortaleciéndose dentro de la inspiración zegriana.

Lecturas:

  • Del beato J. N. Zegrí:

Bien sé que la gracia es el principio y la causa primera que obra en nosotros este querer, pero sé también que no es ella sola la que lo hace, y que, por más victoriosa y eficaz que yo la conciba, es siempre sin perjuicio de lo que la fe enseña. Esta acción de la voluntad en qué consiste nuestra conversión, es una acción libre, y, por lo mismo que es libre, no podemos dejar este cuidado fiándole de otro; porque debemos ejecutarnos por ella a nosotros y pedirnos cuenta de ella, para podérsela dar a Dios algún día. Por esto, el mismo Espíritu que nos mueve a que digamos a Dios en la tierra: Convertidnos, Señor; pone también en la boca de Dios estas palabras: "Convertíos a mí". Pues, ¿de qué modo -dice san Agustín- se han de concordar estos dos textos? Si es Dios el que nos convierte, ¿por qué nos manda que nos convirtamos nosotros? Y si somos nosotros los que nos convertimos, ¿por qué le pedimos a Dios que nos convierta?... Dice el apóstol: "Por esto, hermanos míos, esforzaos más para asegurar vuestra vocación y elección..." con vuestra perseverancia en las buenas obras (2 Pe 1,10). …Como si dijera: en lugar de filosofar, de disputar y sutilizar sobre la elección que Dios ha hecho de vosotros, aplicaos antes a hacer que esta elección sea cierta con todo lo bueno que podíais hacer y no lo hacéis, perdiendo el tiempo en argumentos y disputas. Esta es, dicen los teólogos, la mejor señal para saber discernir en materias de importancia, porque si esta doctrina me dispone para trabajar por Dios, me alienta y me anima en la resolución que he tomado… (Sermones I/2).

-          Breve silencio de meditación

  • Flp 3, 8-14

“Todo lo considero pérdida por razón del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo he perdido todo, y lo tengo por estiércol, a fin de ganar a Cristo y encontrarme unido a él. No quiero mi propia justicia que procede de la ley, sino la que se obtiene mediante la fe en Cristo, la justicia que procede de Dios, basada en la fe. Lo he perdido todo a fin de conocer a Cristo, experimentar el poder que se manifestó en su resurrección, participar en sus sufrimientos y llegar a ser semejante a él en su muerte. Así espero alcanzar la resurrección de entre los muertos. No es que ya lo haya conseguido todo, o que ya sea perfecto. Sin embargo, sigo adelante esperando alcanzar aquello para lo cual Cristo Jesús me alcanzó a mí. Hermanos, no pienso que yo mismo lo haya logrado ya. Más bien, una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y esforzándome por alcanzar lo que está delante, sigo avanzando hacia la meta para ganar el premio que Dios ofrece mediante su llamamiento celestial en Cristo Jesús.” (Palabra de Dios).

 

Reflexión.- Las palabras de nuestro fundador, en un día como hoy, nos alientan tomar conciencia de la vocación recibida y a ponerla en práctica, no con hucas palabras y gestos grandilocuentes sino con una entrega real y llena de confianza en el don recibido.

La confesión de Pablo, por otra parte, el testimonio que él quiere trasladar a las primeras comunidades, nos llega como un legado en el que cada una de nosotras podemos sentirnos reflejadas: “Todo lo estimo pérdida, comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo…”. En la experiencia de fe expresada a lo largo de las páginas de la Escritura, tiene especial importancia, entre otros términos como jahal (tener esperanza, desear alcanzar), la raíz ’aman (ser sólido, ser fiel). Nuestra consgración está hecha de una esperanza confiada, de un deseo lleno de fuerza de alcanzar a Cristo y de realizar con él las obras de la redención: ser compasivas y misericordiosas, comprometernos de lleno con la justicia del Reino y llevar el testimonio del amor divino a cada ser humano con el que compartimos la vida… Tener fe y vivir centradas en Jesús Redenctor, no es un acto ocasional, es una actitud que tiene como modelo acabado a María de Nazaret en su “Hágase…” y en su permanecer “de pie junto a la cruz” hasta conocer, por experiencia propia, la Resurrección. Esa es nuestra meta como creyentes y como mercedarias de la caridad. Y deseamos alcanzarla.

  • Algunas intervenciones expontáneas a la luz de los textos proclamados 
  • Canto de reflexión(cantado o escuchado): “Ordenó en mí la caridad” (En clave de… p.1)

 

II. En acción de gracias

Nuestra vida es una alabanza y accón de gracias continua, no solo por el hecho de haber recibido la vida, sino por haber sido mirads por Dios y llamadas por él a seguir a su Hijo, viviendo el don de la caridad redentora en medio del mundo, caridad que, en primer lugar, experimentamos en nuestro propio corazón: Dios hace con nosotras una historia de amor que nunca tendrá fin, porque sus dones son “sin arrepentimiento”. Pero el don no lo es si no da frutos y se comparte, como todo lo que viene del Espíritu…

 

Lecturas:

  • Del beato J. N. Zegrí

Cuando los hombres están destinados por Dios para desempeñar los elevados fines que se propone la Providencia y para comunicar a los mortales las determinaciones de su excelsa voluntad, los adorna con todos los carismas y gracias que necesitan para llenar su santa misión. Ellos, conducidos por los impulsos celestiales, como que se incorporan a la Divinidad y así desempeñan los sublimes destinos que tiene señalados el Altísimo a estos hijos predilectos de su excelsa diestra. Estos seres privilegiados, extasiados con la íntima unión que tienen con su Creador, ni piensan ni obran más que con proporción a la senda que les ha marcado el Altísimo; y esta santa correspondencia forma el mayor elogio y la elevación más honrosa que  puede tener el hombre. (Sermones, I/3).

-          Breves momentos de meditación

  • 1 Tes 3,9-13. 4, 1

“¿Cómo podremos agradecer a Dios toda esta inmensa alegría que nos hacéis sentir en presencia de nuestro Dios? Insistentemente, de día y de noche, pedimos a Dios que nos conceda veros personalmente para corregir las deficiencias de vuestra fe. Que Dios, nuestro Padre, y Jesús, nuestro Señor, nos encaminen felizmente hasta vosotros. Que el Señor os llene a rebosar de un amor mutuo y para con todos tan grande como el que nosotros sentimos por vosotros. Que os haga, en fin, interiormente fuertes e irreprochables en cuanto consagrados a Dios, nuestro Padre, para el día en que Jesús, nuestro Señor, se manifieste acompañado de todos sus elegidos... Por lo demás, hermanos, os rogamos y exhortamos en el Señor Jesús a que viváis como conviene que viváis para agradar a Dios, según aprendisteis de nosotros, y a que progreséis más”.

Reflexión:

Para el beato Juan N. Zegrí, acoger la vocación y vivirla es ser conscientes de un don recibido en la Iglesia, para la construcción de la Iglesia y ser testigos del acontecimiento salvifico realizado en Cristo. Desde esta convicción, nuestra vida es empeño y es entrega; pero es, ante todo, vivir la certeza de que es Dios mismo el que impulsa toda nuestra existencia, lo que somos y lo que hacemos. De ahí que toda nuestra existencia, si es verdadera, es alabanza a Dios Padre, en Cristo por el Espíritu. Es una vida teologal de la que no dejamos de ser testigos y proclamadoras.

Por otra parte, las palabras del apóstol Pablo, dirigidas a la comunidad de los tesalonicenses resuenan en el interior de nuestro corazón oyente como si el mismo beato y padre fundador nos las estuviera dirigiendo en estos momentos, lleno su espíritu de gozo ante lo que Dios ha realizado y realiza a través de cada una de las hermanas y comunidades. Lo que importa, en este camino de santidad es que sigamos progresando… Siendo merced, servicio de liberación, para nosotras mismas y para el mundo. Nos mueve el deseo infinito de hacer un mundo más justo, más humano, donde “la caridad que es Dios” se exprese en cada gesto, en cada realidad y en cada estructura y organismo que conforman las relaciones entre los hombres y mujeres de este momento histórico.

 

  • Salmo de acción de gracias (recreación meditativa, TODAS):
    • Te damos gracias con todo nuestro ser.
    • Dios, Señor de la historia y de la entera creación.
    • Emocionadas y agradecidas tomaremos en nuestras manos todos los bienes que nos has dado y delante de tus santos y santas cantamos para Ti.
    • Postradas ante tu Presencia, vueltas hacia tu Santuario,
    • para pronunciar tu Nombre Redentor y darte gracias por tu inmensa misericordia;
    • porque tu fidelidad para con esta pequeña Congregación
    • es entrañable y sorprendente; Tú nos sostienes en nuestra debilidad
    • haces de nosotras instrumentos de tu caridad redentora.
    • Cuando el miedo, o la ignorancia, o la comodidad, nos atenacen,
    • Ayúdanos a recordar las cosas que has hecho con cada una y con todas
    • Ayúdanos a ponernos en pie una vez más y, puestos los ojos en Ti,
    • entregarnos con más coraje evangélico, con el espíritu fortalecido.
    • Queremos alabarte y agradecer cada gesto de amor
    • que hayamos podido dar y recibir como mercedarias e la caridad.
    • Porque solo así crecerá y se afirmará en nosotras y en la Iglesia el árbol frondoso de esta Congregación que lleva el nombre de tu acción redentora
    • y de María, la mujer creyente y Llena de gracia y misericordia, nuestra Madre de la Merced

Momento de meditación (música de fondo apropiada)

III. Abiertas a la novedad del Espíritu

Lecturas:

  • Del beato P. Juan N. Zegrí

Cuando dirijo mi vista hacia los dignísimos objetos de estos justos homenajes de nuestra piedad, cuando considero los laudables motivos que nos reúnen en este santo templo, y cuando reflexionando todo el complejo de circunstancias que forman la presente solemnidad, admiro ese magnífico aparato que la engrandece, ese piadoso concurso que la solemniza y ese incienso que, exhalándose al pie de los altares, se consagra en honor del Dios de toda grandeza, mi alma, penetrada de un entusiasmo divino, y como enajenada con el conjunto de unas ideas, las más grandiosas, se deja poseer de una alegría toda santa y no puedo menos de exclamar lleno de una admirable sorpresa: la Virgen santísima es la que ha hecho [posible esta fundación; ella es su inspiradora]… Hijas queridas de María de la Merced, devotas de esta esclarecida princesa, abrid el pecho, ensanchad el corazón, dilatad el espíritu, sacudid temores y encogimientos, dad lugar al desahogo y a la esperanza, que en la Virgen purísima de las Mercedes tenéis una aurora de felicidades, un río de bendiciones, un arco de paz y de alianza; no he dicho bastante: una madre, la más tierna, la más liberal y benéfica, que no os desamparará por más que os cerquen tribulaciones y angustias (Cf. Sermones I/11 y 17)

 

  • Canto profundización: “No renunciaré jamas” (A ti P.Zegrí, p.2) 

Isaías 43, 16-21  

“Así dice Yahveh, que trazó camino en el mar, y vereda en aguas impetuosas. El que hizo salir carros y caballos a una con poderoso ejército; a una se echaron para no levantarse, se apagaron, como mecha se extinguieron. ¿No os acordáis de lo pasado, ni caéis en la cuenta de lo antiguo? Pues bien, he aquí que yo lo renuevo: ya está en marcha, ¿no lo reconocéis? Sí, pongo en el desierto un camino, ríos en el páramo. Las bestias del campo me darán gloria, los chacales y las avestruces, pues pondré agua en el desierto (y ríos en la soledad) para dar de beber a mi pueblo elegido. El pueblo que yo me he formado contará mis alabanzas.

 

  • Lucas 1, 41-55

 

“Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó: "¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme? 
Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno. Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor". María dijo entonces:

 

 

ü  Sigue proclamado o cantado por la asamblea

 

"Mi alma canta la grandeza del Señor,
y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador,

 

 

porque él miró con bondad la pequeñez de su servidora.
En adelante todas las generaciones me llamarán feliz,

 

 

porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas:¡su Nombre es santo!
Su misericordia se extiende de generación en generación sobre aquellos que lo temen.
Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón.
Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes.
Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías.
Socorrió a Israel, su servidor, acordándose de su misericordia, como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abraham y de su descendencia para siempre".

 

 

Reflexión.- El espíritu del joven sacerdote Juan Nepomuceno, arde ante las necesidades de un mundo sometido a viejas estructuras, deshumanizantes e injustas; y lo hace abriéndose a la inspiración de lo que supone dejarse hacer por Dios, al estilo de la Madre que es “de todos y para todos”. María es la mujer que, permaneciendo abierta a la novedad del Espíritu, recrea en su seno y con todo su ser, la obra redentora en el mundo.

Las palabras del profeta nos ayudan a describir y a proclamar lo que el Espíritu deja ver a los ojos del corazón, de lo más íntimo de una Congregación que vive alerta, esperando descubrir en cada relación y en cada acontecimiento los signos de los tiempos sobre los que actuar, para dar respuesta, con todas nuestras debilidades, que son fuerza en el Señor y que, contando con nosotras, hace nuevas todas las cosas y las pacifica, por más que hoy nos inquieten y parezcan desbordarnos.

Somos una pequeña Congregación en comunión de otras muchas dentro de la Iglesia, una célula viva llena de la luz y la fuerza del Espíritu del Señor, que reparte sus dones y confía la misión a cada una de nosotras y a todas, en la Iglesia misionera y evangelizadora. La nuestra ha sido y segurá siendo, una historia de amor apasionado por la libertad y la justicia; por eso, nos comprometeremos, desde los dones recibidos, a ser “el rotros de la misericordia divina” en medio de los pueblos y ciudades a las que podemos llegar, confiadas/os en que será el Espíritu de Jesús Redentor el que siga fortaleciendo nuestra comunidades con nuevas y firmes vocaciones.

Nadie como María de Nazaret ha vivido esta conciencia de elección y colaboración en el proyecto divino, por eso, nadie como ella podrá ser modelo de nuestra acción de gracias, unida al reconocimiento de todo lo que Dios ha ido realizando por medio de la Congregación, de las hermanas que han vivido y vivimos este carisma de caridad redentora, de generación en generación.

  • Momentos para compartir brevemente la acción de gracias espontánea…

Oración Final: Allí donde sea posible, se unen las manos y se reza el “Padrenuestro”, cantando al final: “Hace falta María” (En clave…, p.14); o “Mi sin igual Madre y Protectora”.

Elaborado por: sor Trinidad León Martín, mc

Provincia “Ntra. Sra. De las Mercedes”