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80 años de la Parroquia

80 años de la Parroquia


Agosto tiene un sabor especial en Tucumán, se mezclan aromas de vida y esperanza con cantos de libertad. Agosto el mes en que empezó a hace 80 años la Parroquia San Pedro Nolasco y de inmediato vienen a mi mente el recuerdo de aquellos que nos contaron de sus comienzos, de haber tenido la alegría de escuchar de sus labios siendo niño (y no tanto) sobre la Parroquia y la dura pero hermosa tarea de sembrar la Palabra en el corazón de Tucumán. Como no recordar al P. Ernesto que nos deleitaba con las andanzas de esos tiempo, simplemente por nombrar un religioso tan querido por todos. Los laicos de aquellos tiempos, recordar ese ser familia que fueron sembrando para que podamos disfrutar de una verdadera fraternidad.
Sueños, esperanzas, alegrías y tristezas compartidas, como tantos niños, jóvenes y adultos fueron formándose en el espíritu y carisma mercedario; de ser una “gran parroquia” que fue dando lugar al nacimiento de otras que nacieron de esta matriz liberadora. Las parroquias vecinas.
La Sede Parroquial y sus capillas, los laicos y religiosos misioneros, cómo no recordar procesiones en medio de la lluvia y el barro, cantando la alegría de tener fe y vivirla en plenitud. Anécdotas al por mayor, porque la vida es así, cuando se comparte las anécdotas surgen naturalmente.
Pero también cuando hay buena siembra surgen los frutos, y surgieron vocaciones religiosas mercedarias de nuestra parroquia. Tenemos el orgullo de que nuestro Maestro General sea de nuestra Parroquia.
El templo viejo, ahora le decimos así, pero se acuerdan (los más jóvenes no) de las misas donde para poder participar nos subíamos a las escaleras y seguir la celebraciones, las capillas, como fueron creciendo lentamente con el trabajo conjunto. Y hasta que un día se comenzó a soñar con el templo nuevo, que el paso del P. Hugo fue plasmando con esfuerzo, entrega y generosidad. Y ahora lo podemos disfrutar.
No quería dejar de compartir con ustedes tanta vida junta que brota entre recuerdos y nostalgia, pero sobre todo con alegría y esperanza. Lamentando no poder estar físicamente presente, lo estamos con el corazón tucumano y mercedario.
Un gran abrazo para todos y cada uno y como decía no quería nombrar a nadie para no olvidarme de ninguno. Unidos en la oración y vocación liberadora. Caminamos en las huellas de nuestros hermanos mayores, que sepamos también nosotros dejar nuestra huella de libertad y compromiso redentor en el corazón y la vida de nuestra gente. Para ser libres y liberadores. Como Pedro Nolasco, como María de la Merced visitando y liberando a nuestro pueblo de las cautividades de nuestro tiempo. No nos olvidemos al decir del Papa Francisco: “hay que hacer lío” vayamos como en la carpa misionera a mostrar a todos que somos hombres y mujeres de fe comprometida.


P. Carlos
Tucumano