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Preparando la Fundación

Han pasado los festejos de nuestra Madre con alegría, entusiasmo, dejándonos un poco cansados, aunque es un cansancio lindo porque nos habla de fe y vida compartida.
Sin embargo, a José León se lo ve inquieto, movedizo yendo del oratorio a su habitación, caminando de un lado a otro con papeles en las manos, como distraído. ¿Qué pasa por la mente y el corazón del padre Torres?
A pesar de toda esta preocupación, esta agitación interior; se le nota sereno, con su rostro radiante. Va de nuevo al oratorio, se arrodilla, allí está Jesús en el sagrario y junto a Él la imagen de nuestra Madre de la Merced. Abre sus brazos y comienza a recitar la Salve y al terminar imaginamos las palabras que brotan de sus labios, palabras que podrían decir, más o menos, lo siguiente: “
Gracias porque me elegiste para esta hermosa misión de acompañar a estas diez jóvenes mujeres que quieren consagrarse en la familia mercedaria, permíteme que sea yo un instrumento en tus manos para concretar esta obra de educar para la libertad. Son tantas las cosas que faltan, pero el corazón de ellas es tan generoso que son capaces de esta entrega total.
A dónde nos llevará todo esto, no lo sabemos, solo sabemos que queremos ser fieles a tu llamado. Jesús estás allí, estás presente en el corazón y la vida cautiva, María estás allí como lo estuviste al pie de la cruz, como ahora acompañando a tantos cautivos. Con estas 10 jóvenes vamos a tu encuentro, queremos abrazar a tantos que sufren, queremos ser esperanza, queremos ser consuelo”.
Se puso de pie, calmadamente y salió, se le veía una fortaleza increíble, una paz interior que hacía que sus ojos brillaran de alegría. En la sala del Convento lo esperaban las 10 jóvenes; se acercó, les sonrió, las bendijo y se abrazaron, sabedores que estaban dando cumplimiento a su vocación. En la familia mercedaria nacía un nuevo retoño para gloria de Dios y esperanza de los cautivos.
En esta espera de los 125 años de la fundación, quise compartir esta pequeña reflexión que brota del pensar a Fr. José León Torres en estos días previos. Un abrazo y que nuestra Madre las siga acompañando en esta tarea.
P. Fr. Carlos A. Gómez