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Mensaje del Padre Superior Provincial

Aniversario de la fundación de la Orden

10 de agosto

            Para poder tener un árbol que nos dé sombra y frutos, para lograr un árbol robusto, firme, frondoso, lo primero que hace falta es tener una buena semilla, tierra fértil y animarse a cavar, hacer un pozo y plantar la semilla e ir, luego, regando meticulosamente para que pueda brotar. Cuando uno quiere construir algo grande hace falta primero adentrarnos, ir a lo profundo con empeño y dedicación.

Nolasco se animó a ser esa tierra generosa donde el Señor sembrara su semilla, la semilla del Reino, cuyos frutos son el hombre libre y una sociedad justa. Esa gran tarea de comprometer la vida Nolasco nunca la hizo solo, porque descubrió que un ser libre sólo puede darse en y con la comunidad.

Y es así como Nolasco funda una comunidad comprometida con la libertad. La pequeña semilla dio raíces tan profundas, frutos tan exquisitos y una sombra tan acogedora que ya lleva 790 años brindándolos. Son 790 años de vida, de fecundidad, de dar frutos de liberación que permitan al hombre encontrarse con sus hermanos para poder vivir en y para la libertad.

A nosotros nos queda la tarea de seguir cultivando la semilla de Nolasco porque nuestro mundo está hambriento de libertad y como los trabajadores del campo, unos antes y otros después, debemos sentirnos gozosos de trabajar por el Reino.

Hoy celebramos un nuevo aniversario de la fundación de la Orden, un nuevo aniversario de compromiso solidario. Gracias Nolasco por tus sueños, por tu trabajo, porque son nuestros sueños, nuestros trabajos y sobre todo es esperanza para los cautivos. No defraudemos esa esperanza y que el Señor bendiga a todos los que, de verdad, trabajan sembrando esperanza y libertad.

 

Fr. Carlos Alberto Gómez

Superior Provincial