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La comunidad de Luyaba acompaña con alegría la Causa del Padre Torres

Luyaba, en la provincia de Córdoba, es un pequeño pueblo serrano que se encuentra ubicado a 209 km de la ciudad de capital y a 37 km de Villa Dolores, en el camino llamado de La Costa, entre San Javier y La Paz. Su nombre proviene de los pueblos originarios, y en lengua sanavirona significaría “Grandes Piedras Grises”.

En este apacible paisaje, con río de aguas cristalinas, vegetación autóctona y aroma a hierbas de las sierras, nació José León Torres. Fue un 19 de marzo de 1849  y ese mismo año recibió el sacramento del bautismo el día 11 de junio. Sus padres, Don Gregorio Torres y Doña Margarita Rivero formaron una familia con ocho hijos.

José León siendo muy joven ingresó a la Orden de la Merced, en el Convento San Lorenzo Mártir, de la ciudad de Córdoba, donde luego desarrolló su ministerio apostólico estando a cargo de diversos servicios.

En 1887 fundó la Congregación de Hermanas Terceras Mercedarias del niño Jesús. Por su fama de santidad se inicia un proceso en el que la Santa Sede reconoce que vivió de manera heroica las virtudes cristianas de la Fe, la Esperanza y la Caridad; y en 1994 en Roma se promulga el Decreto por el cual el Siervo de Dios es declarado Venerable por el Papa Juan Pablo II.

Hoy las religiosas de la congregación que fundó, los frailes mercedarios y representantes de la comuna de Luyaba, comparten los pasos que se están dando en su Causa mientras se estudia un presunto milagro por intercesión de Padre Torres.

En su pueblo de origen las personas mayores conocen los relatos familiares y saben de la importancia del padre José León Torres para la Iglesia en la Argentina y en especial como fundador de la congregación de las Hermanas Mercedarias. Es una figura venerada, respetada y a la cual le piden intermediación en sus oraciones. Pero también hay un gran número de pobladores que han llegado en los últimos años que desconoce este accionar, así como la mayor parte de la juventud de Luyaba.

El Presidente Comunal Ulises Nelson Altamirano, y el Secretario de Gobierno Alberto Vicente, nos comparten que hay anécdotas o memorias sobre la familia del Padre Torres y de sus misas. Se dice que su papá está enterrado en la actual iglesia del pueblo junto a otras personalidades de la época. Sostienen que algunas visitas a los pobladores tradicionales puede ayudar a recopilar esas historias. Además cuentan que en Luyaba aún se puede ubicar el solar de la casa paterna, el solar de la antigua iglesia en la que el Venerable solía dar misa hasta que se produjo el derrumbe de ese templo; y el antiguo algarrobo bajo el cual continuó celebrando la Eucaristía cuando la vieja iglesia ya no estaba en pie. Existe la idea de solicitar el predio a sus propietarios para poder instalar allí una plaza histórica y proteger al algarrobo centenario.

En el mes de Agosto, el Postulador General de la Orden de la Merced, fray Reginaldo Roberto Luiz, el Vice Postulador fray Pablo Ordoñe y Madre Lucía de Luca, Superiora de las Hermanas Mercedarias del Niño Jesús, que tienen una casa de misión en Luyaba, y son co-actoras en la Causa, recorrieron lugares emblemáticos y sitios históricos que son vestigios de la vida del Padre Torres y se encontraron con las autoridades comunales para pensar acciones comunes.

Frente a los desafíos que significaría que Luyaba se presente para la Argentina y el mundo como cuna de una de las piedras fundamentales para la Iglesia de nuestro país, los representantes la comunidad expresan que el mayor reto  sería poder preparar al pueblo para recibir una mayor afluencia de turismo religioso y peregrinaje,  sin perder su identidad de lugar tranquilo, dedicado a la producción de alimentos con el agua de riego, a la ganadería y a las hierbas aromáticas. Existe un desarrollo incipiente del turismo con una orientación de protección de la naturaleza. Un desarrollo demasiado vertiginoso podría dejar afuera de los beneficios que éste trae a los pobladores históricos de Luyaba y cambiar por completo el uso del agua y de la tierra. Por eso debiera realizarse en el marco de un programa ordenado de crecimiento.

Al acordar dar pasos de manera conjunta y colaborativa entre los organismos públicos y religiosos, todas las partes expresan su alegría y compromiso en dar a conocer la vida, la obra y el legado de este santo pastor surgido de esta pacífica comunidad y que hoy se proyecta como luz y modelo de santidad y entrega misionera para los hombres y mujeres de hoy.