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Aniversario N°797 de la fundación de la Orden de la Merced

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Muchas familias recuerdan y celebran aniversarios de fundación. Son el recuerdo del comienzo de algo; algo que dio principio a una corriente de vida, a un conjunto de vínculos de sangre o de afectos. A medida que las generaciones pasan van hundiéndose en el pasado esos días aniversarios y tal vez se olvidan si no se les transmite el sentido de esa historia a las nuevas generaciones.

 

La comunidad religiosa es una familia fundada sobre vínculos que no se instauran por la carne o la sangre, diría S. Juan. En muchos casos, como en el de nuestra Orden, la familia mercedaria se amplía para incluir, con diversos grados de pertenencia,  a los laicos que adhieren al carisma de Nolasco. Esta familia mercedaria puede oxigenar a la comunidad de los religiosos con una mirada más amplia, con una conexión con las realidades del mundo y de la historia, con dimensiones que a los religiosos, pocos en número y limitados en saberes, pueden pasarnos desapercibidas.

  

Al mismo tiempo, la comunidad religiosa ofrece su casa (en un sentido metafórico, pero no menos real) para que en ella sean cultivados los vínculos humanos, y sobre todo, los trascendentes, espirituales, que ligan a Jesucristo, a María, a los santos. Esa nube de testigos que nos contempla y nos anima, según la carta a los Hebreos.   

 

Por supuesto, esto es algo esquemático y puede darse de un modo diferente. En la última asamblea, de la cual participaron laicos vinculados de diferentes modos a la Merced en Argentina, se señaló con firmeza y claridad: cuanto más compartimos la misión, la tarea, el carisma, mas hemos de cuidar la vida familiar de los laicos y la vida comunitaria de los religiosos. La misión compartida ha de ser respetuosa del estilo de vida elegido por cada uno  y que creemos es el sueño de Dios para nosotros.

 

La familia mercedaria celebra la fundación de nuestra Orden el 10 de agosto de 1218. Para Pedro Nolasco y sus compañeros fue un nuevo comienzo. Todo el largo tiempo compartido anteriormente ahora llegaba  a un punto crítico y nuevo. Imagino la multitud de cambios organizativos que debieron darse a partir de aquel día. Cambios que venían gestándose, pero que ellos mismos no sabían cómo Dios los estaba preparando. Y es que el aniversario religioso, cualquiera sea, tiene esa dimensión trascendente, espiritual dirían muchos, que nos conecta con Dios. Es mucho más que una fecha en el almanaque. Es hacer memoria de los momentos de especial intervención de Dios en la historia. Lo que el Nuevo Testamento llama, el kairós.

 

En otros tiempos se alababa mucho la participación de las autoridades, como el rey, porque ello daba seguridad jurídica al emprendimiento de la redención de cautivos. Hoy se mira otros aspectos más centrados en la inspiración a Nolasco, en la presencia de María de la Merced, las nuevas formas de cautividad. Los tiempos cambian, los  enfoques cambian. El 10 de agosto es nuestro aniversario familiar. Nos vincula hacia atrás a una multitud de testigos, y hacia adelante a todos aquellos y aquellas que están viniendo o vendrán. Alegrémonos de poder celebrar este aniversario. Que nos anime a abrir el alma y el corazón una vez más al misterio de nuestra vocación y misión en la Merced, es decir, como don de Dios y compromiso con los cautivos de hoy, con un encanto, ilusión y esperanza renovados.

 

Fraternalmente,

Fr Luis Alberto de Brito

Superior Provincial