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ABRAZOS REDENTORES

Al comenzar la semana que va acabando, por razones de trabajo, fui a abrir el correo al ciber dos días seguidos. Habitualmente, hay muchos mensajes que leo “oblicuamente” pero no por eso, con poco interés.

  El primer día había un mensaje de una maestra amiga de Córdoba que decía: “Anoche soñé con usted, me daba un gran abrazo, debe ser que la extraño”.

Por cierto, recordé momentos bellísimos vividos con ella en un corto pero intenso año de trabajo y, sobre todo, de amistad.

  Al día siguiente, un mensaje de alguien desconocido…, pero sólo al comienzo. La verdad es que no recordaba su primer nombre porque nunca lo usa. También era alguien muy querido, de Mendoza, con quien compartimos 5 años en tres etapas diferentes pero hermosas, las tres.  Y también me contaba que había soñado que le daba un fuerte abrazo y le había llenado de alegría.

  Ayer, cada vez que entraba a un aula y, a veces, ¡antes de entrar! mis chiquitines de la catequesis venían en bandada a abrazarme. (Esta mañana, con la luz del día, supe qué habían comido o con qué habían pintado casi todos ellos, que plasmaron en mi hábito, a distintas alturas, su sello cariñoso!)

  Por dos veces salí corriendo a poner bajo el agua deditos apretados por una silla… o una zapatilla, en medio de una travesura, que invariablemente había terminado en un copioso llanto. Y las dos veces, lo que no pudo el agua lo hicieron muchos besos en el minúsculo lugar del machucón.

  Ayer, también, tratando de regresar a casa, cargando las bolsas de las compras semanales, me detuve con un señor sin piernas que pedía limosna. Le di una moneda y la mano, por cierto. Nos la apretamos fuerte, él, en señal de gratitud, yo, como queriendo devolverle las piernas…, o al menos el afecto, que todos necesitamos para vivir.

  ¿Casualidad?... en realidad, creo que mi vida está hecha de abrazos. Abrazo mucho más de lo que hablo. Abrazo en mi comunidad, en la capilla, en la cárcel, en el barrio, en la escuela… También me di cuenta de que cuando me abrazan y/o abrazo, cierro los ojos. Debe ser porque lo mejor del abrazo se juega en el corazón. Del corazón sale y al corazón llega.

  Anoche, al terminar mi jornada, fui, como cada día, a descansar un rato mi frente en el cuadro de nuestra Madre, en nuestra pequeña capilla. Ahí, justito donde su mano acaricia la del Hijo. Y pensé que Jesús, antes de abrir sus ojos a este complejo mundo nuestro, fue abrazado cientos de veces con amor por Ella en sus entrañas benditas.

  Y así amó Él, y por eso pudo hablar del gran Amor del Padre Misericordioso que silenció el discursito de su hijo pródigo con un hermoso abrazo.

  En la cruz, con sus manos clavadas, ya no pudo abrazar… y nos legó a nosotros la misión de dar abrazos a diestra y a siniestra. Abrazos de perdón, de acogida, de despedida, de alegría, bañados en lágrimas y generadores de sonrisas…

  Su humanidad unió cielo y tierra en un abrazo cósmico que nuestros pobres brazos pero, sobre todo, nuestros pobres corazones, deben intentar reproducir.

  Cuando nos falten las palabras…, abracemos. Y cuando nos sobren…, abracemos también.

  Nolasco debe haber dicho muy pocas cosas a los cautivos al liberarlos, se me ocurre, pero… ¡qué hermoso abrazo les debe haber dado al devolverlos a la VIDA!

  ¡Que nuestro abrazo sea siempre portador del Amor que libera!

  ¡Felices 792 años de Abrazos Redentores!

Fraternalmente, hermana Cristina