Merced

Cada 6 de agosto, mientras celebramos la Fiesta de la Transfiguración del Señor, nos unimos para recordar a millones de cristianos que hoy sufren persecución y discriminación por causa de su fe. Como Familia Mercedaria, esta jornada nos interpela de un modo particular, porque renueva en nosotros el compromiso de vivir nuestro carisma redentor allí donde la libertad, la dignidad y la fe de nuestros hermanos y hermanas se ven amenazadas.

Este día nos invita a contemplar con esperanza, cercanía y solidaridad a quienes anuncian y viven el Evangelio en medio de la violencia, la intolerancia y la persecución. No podemos permanecer indiferentes frente al sufrimiento de quienes, por confesar a Cristo, son privados de sus derechos, desplazados de sus hogares o incluso entregan la vida.

La conmemoración tiene su origen en el doloroso 6 de agosto de 2014, cuando el autodenominado Estado Islámico irrumpió en la Llanura de Nínive, en Irak, obligando a más de 100.000 cristianos a abandonar sus hogares para salvar sus vidas. A doce años de aquel hecho, cientos de millones de personas continúan padeciendo distintas formas de persecución religiosa en numerosos países del mundo.

Nuestro carisma, una respuesta a las nuevas cautividades

Desde hace más de ocho siglos, el Señor nos ha confiado, por medio de san Pedro Nolasco, la misión de rescatar a los cautivos. Hoy comprendemos que esa misión sigue plenamente vigente. Las cadenas han cambiado de rostro, pero continúan esclavizando a hombres y mujeres que ven amenazada su libertad, su dignidad y también su derecho a profesar la fe.

Por eso reconocemos en los cristianos perseguidos una expresión concreta de las nuevas cautividades a las que estamos llamados a responder con la misma audacia, creatividad y misericordia que inspiraron nuestros orígenes.

Con este espíritu vivimos la Campaña Redentora 2026 «Faro de Liberación», promovida por la Provincia Mercedaria de Brasil y compartida por toda la Familia Mercedaria en el mundo. Hasta el mes de septiembre dirigimos nuestra mirada y nuestro compromiso hacia las comunidades cristianas perseguidas de Siria y Nigeria, acompañándolas con la oración, la sensibilización y acciones concretas de solidaridad.

Queremos que esta campaña fortalezca nuestra comunión como mercedarios, haga visible la realidad de quienes sufren por su fe y movilice a nuestras comunidades para responder con generosidad allí donde la libertad necesita ser defendida.

La luz del Tabor ilumina nuestro camino

No es casual que esta jornada coincida con la Fiesta de la Transfiguración del Señor. En el monte Tabor, Cristo reveló a sus discípulos el resplandor de su gloria antes de emprender el camino hacia la cruz. Esa misma luz continúa iluminando hoy a quienes permanecen fieles al Evangelio aun en medio de la persecución.

También nosotros queremos ser reflejo de esa luz. Estamos llamados a convertirnos en un verdadero Faro de Liberación, anunciando con nuestra vida que Dios no abandona a quienes sufren y que la Iglesia camina junto a ellos.

¿Cómo podemos sumarnos?

Todos podemos ser parte de esta misión redentora. Invitamos a nuestras comunidades, parroquias, colegios, obras apostólicas y a cada miembro de la Familia Mercedaria a comprometerse con gestos concretos:

-Rezar diariamente por los cristianos perseguidos.

-Dar a conocer la realidad de quienes sufren violencia y discriminación por causa de su fe.

-Participar activamente de las propuestas de la Campaña Redentora «Faro de Liberación».

-Colaborar con las iniciativas solidarias que impulsamos en favor de las comunidades cristianas de Siria y Nigeria.

Cada oración, cada gesto de cercanía y cada acción solidaria son una forma concreta de hacer presente hoy nuestro carisma redentor y de seguir siendo instrumentos de la misericordia liberadora de Dios.

Oremos por nuestros hermanos y hermanas perseguidos

En este Día de los Cristianos Perseguidos queremos elevar juntos nuestra oración, confiando al Señor la vida de tantos hombres, mujeres, jóvenes y niños que sufren por permanecer fieles a Cristo.

Señor, mira a tus hijos e hijas que a causa de la fe sufren persecución y discriminación. Que tu Santo Espíritu les colme con su fuerza, les dé esperanza y les conceda vivir su fe con libertad. Amén.

Que Nuestra Madre de la Merced, Madre de la libertad y de los cautivos, interceda por todos nuestros hermanos y hermanas perseguidos. Que fortalezca su esperanza y también la nuestra, para que nunca dejemos de responder al llamado de Cristo siendo, en cada rincón del mundo, testigos de su amor liberador y auténticos Faros de Liberación.

Para colaborar desde Argentina:

Razón social ORDEN DE LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARIA DE LA MERCED
Banco Nación Cuenta Corriente $ Nro. 38105640107047
Alias TRANVIA.TERRON.SOPA
CUIT 30-53202569-5
CBU 0110564320056401070476