Desde la ciudad de Córdoba, Gonzalo Carle comparte su testimonio vocacional mercedario. Desde el año 2021 se desempeña como Director del Nivel Medio en el Colegio San Ramón Nonato.
“Mi vínculo con la Orden de la Merced se remonta a 1993, cuando cursaba mi segundo año de formación en la Sociedad de las Misiones Africanas, comunidad religiosa que se encuentra a pocos metros del Colegio León XIII. En ese momento debía decidir dónde realizar mi pastoral de los fines de semana, y surgió la posibilidad de trabajar con los Mercedarios en los proyectos sociales que tenían en el barrio. La propuesta me entusiasmó mucho, especialmente porque ya conocía a algunos de los sacerdotes que vivían en la comunidad del León XIII.


Durante un par de años tuve la hermosa experiencia de trabajar los sábados y domingos en “La casita de las compuertas”, junto a mi compañero de comunidad Ceferino y a Gabriel Camilo, quien estaba a cargo del espacio junto a la Orden. Allí acompañábamos a niños en situación de calle o con dificultades en su vida familiar. Recuerdo con mucha gratitud el acompañamiento de los padres Carlos y José Luis, de la Orden, quienes nos transmitían con fuerza el carisma mercedario de la liberación de las nuevas cautividades del mundo contemporáneo.

Tiempo después, por cuestiones de formación, me fui del país y regresé casi once años más tarde. Durante ese tiempo mi vínculo con la Orden fue más discreto, sostenido a través de algunas cartas que mi amigo Ceferino compartía con los padres José Luis o Carlos. Al volver a Argentina me reinserté en Córdoba, tanto en lo familiar como en lo laboral. En esos años también viví momentos importantes de discernimiento personal y familiar, en los que mi corazón volvía una y otra vez a abrazarse al carisma de la Orden.
El primer gran reencuentro con ese carisma se dio cuando, junto a mi esposa, tuvimos que decidir dónde estudiarían nuestras hijas. Sin dudarlo, elegimos el Colegio León XIII, aun teniendo muchas otras opciones cerca de casa. Ambos conocíamos la Orden de la Merced y nos identificábamos con su carisma, que hoy sigue teniendo una enorme vigencia: formar personas atentas a las distintas cautividades que atraviesa nuestra sociedad. Para nosotros, educar a nuestras hijas en ese espíritu es profundamente valioso.
La segunda gran oportunidad de reencontrarme con la Orden llegó una tarde, en mayo de 2021, estábamos saliendo de la pandemia, me encontraba en el auto esperando a mi esposa que estaba haciendo un trámite y recibí una convocatoria para concursar por el cargo de director en el Colegio San Ramón Nonato. Apenas vi la convocatoria y el logo de La Merced sentí algo muy profundo que me impulsaba a presentarme. Cuando mi señora subió, le conté y su respuesta fue simple y clara: “Dale, concursá”.
En ese momento yo no conocía a nadie del colegio y trabajaba como vicedirector en otra institución desde hacía cinco años. Aun así, me animé a participar. Recuerdo que en la entrevista hablé mucho de los mercedarios y de mi camino con ellos, sin saber que el colegio estaba en comodato a la Arquidiócesis y que quienes me entrevistaban no tenían un vínculo directo con la Orden.
Cuando me avisaron que había ganado el concurso sentí una alegría inmensa. De algún modo volvía a abrazar el carisma mercedario: primero había sido desde lo familiar a través de la educación de mis hijas en el León XIII, y ahora también se hacía presente en mi vida laboral.
Desde agosto de 2021 comparto mi vida, mi vocación docente y mi servicio como director en el San Ramón, con la mirada puesta en este desafío tan propio del carisma mercedario: estar atentos a liberar de las cautividades de hoy y formar personas libres, críticas y comprometidas con la sociedad en la que viven”.

