Merced

CARTA PASTORAL POR EL DÍA MUNDIAL DE LUCHA CONTRA LA TRATA DE PERSONAS

30 de julio

«He visto la opresión de mi pueblo,
he escuchado su clamor y conozco sus sufrimientos» (Ex 3,7).


“Atrapados tras la estafa”

A las Conferencias Episcopales, Conferencias de Religiosas/os, diócesis, parroquias, comunidades
religiosas, movimientos eclesiales, organizaciones pastorales, agentes de evangelización y a todo el
Pueblo de Dios en América Latina y el Caribe: Gracia y paz en Jesucristo, defensor de la dignidad
humana.


El Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (CELAM) y la Confederación Caribeña y
Latinoamericana de Religiosas y Religiosos (CLAR) elevamos nuestra voz para convocar a toda la
Iglesia de América Latina y el Caribe a una respuesta evangélica, decidida y profética frente a una de
las heridas más dolorosas y silenciadas de nuestro tiempo: la trata de personas.


La campaña impulsada este año por las Naciones Unidas nos interpela con fuerza: “Atrapados tras
la estafa”. Este llamado nos recuerda que la trata no es un hecho aislado ni accidental; es una
maquinaria criminal que se alimenta de la desigualdad, la violencia, la pobreza, la corrupción, el
desplazamiento forzado, las migraciones vulnerabilizadas y la indiferencia social. Es un negocio que
convierte la dignidad humana en mercancía y se lucra con el sufrimiento de las personas.
Como Iglesia, no podemos permanecer indiferentes ante esta realidad.


La trata de personas constituye una grave violación de la dignidad humana y una expresión
contemporánea de esclavitud. Mujeres, niñas, niños, adolescentes, hombres, personas migrantes,
pueblos vulnerabilizados y comunidades empobrecidas son atrapados en redes de explotación sexual,
laboral, mendicidad forzada, servidumbre, matrimonios forzados, tráfico de órganos y múltiples
formas de violencia que destruyen proyectos de vida.


En este compromiso nos anima la voz del Santo Padre, papa León XIV, quien ha recordado que: «La
violencia de la trata de personas solo puede superarse mediante una visión renovada que contemple a
cada persona como un hijo amado de Dios». Asimismo, ha señalado que «la dignidad dada por Dios a
cada persona debe ser reconocida y protegida», recordándonos que la verdadera paz nace del respeto
a la dignidad humana.


Desde esta convicción evangélica, reconocemos y alentamos el trabajo comprometido de la Red
CLAMOR, que acompaña y protege a personas migrantes, refugiadas, desplazadas y víctimas de trata,
de la Comisión de Religiosas Contra la Trata, de la CLAR, y de las redes de Talitha Kum en América
Latina y el Caribe, signo profético de esperanza y articulación eclesial que trabaja en prevención,
sensibilización, protección, denuncia, incidencia y acompañamiento de sobrevivientes.


Estas redes nos muestran un camino de Iglesia samaritana: una Iglesia que escucha el clamor de las
víctimas, teje solidaridad, genera conciencia y denuncia las estructuras criminales que comercian con
la vida humana.

Por ello, invitamos a diócesis, parroquias, congregaciones religiosas, seminarios, centros educativos,
movimientos apostólicos, pastoral social, juvenil, familiar, migrantes, y a todas las comunidades de fe,
a asumir activamente esta causa como una prioridad evangélica y pastoral.


Les convocamos a:

  1. Escuchar el clamor de las víctimas, creando espacios seguros de acogida, escucha,
    acompañamiento, protección y restitución de derechos.
  2. Educar y sensibilizar, promoviendo procesos formativos sobre prevención de la trata de
    personas, especialmente con jóvenes, familias, personas migrantes y poblaciones vulnerables.
  3. Denunciar proféticamente, visibilizando que la trata de personas es crimen organizado y
    confrontando las estructuras económicas, sociales, culturales y digitales que facilitan la
    explotación humana.
  4. Trabajar en red, fortaleciendo la articulación y participación en iniciativas eclesiales (Red
    Clamor y Talitha Kum) y con otros actores comprometidos con la defensa de la dignidad humana.
  5. Orar y actuar, integrando esta realidad en la vida litúrgica, pastoral y comunitaria, para que
    nuestras comunidades sean territorios de cuidado, prevención y esperanza.
    La trata de personas no es un problema lejano. Está presente en nuestras fronteras, barrios, rutas
    migratorias, periferias urbanas, economías informales y espacios digitales. Tiene rostro, nombre e
    historia. Detrás de cada cifra hay vidas heridas, sueños truncados y una dignidad violentada. Estamos
    llamadas y llamados a actuar.
    Que el lema de este año “Atrapados tras la estafa”, resuene también en nuestras comunidades como
    una llamada ética, pastoral y espiritual a romper el silencio, fortalecer la prevención, acompañar a las
    víctimas y enfrentar con valentía las estructuras que sostienen esta violencia.
    Con María, mujer del Magníficat, renovamos nuestro compromiso de caminar junto a quienes sufren.
    Fraternalmente,

Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño – CELAM
Confederación Caribeña y Latinoamericana de Religiosas y Religiosos – CLAR