Merced

Desde la comunidad mercedaria de Ranelagh, la catequista Yanina Ayala pone en común su testimonio vocacional:

Mi nombre es Yanina Ayala, soy de Buenos Aires y pertenezco a la comunidad María de la Merced de Ranelagh. Soy catequista de Confirmación y mi familia está compuesta por mi esposo Fede y mis hijas Flor, Fiore y Giuly.

Llegué a la comunidad en el año 2018, cuando hice la catequesis de Confirmación para adultos, de la cual tengo los mejores recuerdos. Lo que comenzó como un paso personal en mi camino de fe, terminó convirtiéndose en una pertenencia, en la comunidad.

Con el tiempo, el padre Hernán me propuso ser catequista. Mi primera respuesta fue “no”, porque no me sentía preparada. Pero él me ayudó a comprender algo muy importante: que el “sí” no siempre nace de la seguridad, sino de la confianza. Y que muchas veces es en el camino donde Dios nos forma y nos capacita.

Ese “sí” cambió mi vida. Y fue aún más significativo poder compartir esta misión con mi hija Florencia. Servir juntas en la catequesis es un verdadero regalo de Dios.

También fueron muy importantes mis compañeras catequistas, que siempre nos alentaron y acompañaron, y toda la comunidad. En cada encuentro, en cada actividad, sentimos que no caminamos solas.

Por eso comparto mi experiencia: Dios llama en lo simple, en lo cotidiano, en lo que parece pequeño. Y no espera que estemos totalmente preparados; espera un corazón dispuesto.

Mi deseo es que el carisma mercedario siga creciendo, que más jóvenes se animen a dar su “sí”, que puedan escuchar la voz de Dios sin miedo, y que encuentren en la comunidad el apoyo y el acompañamiento necesarios para caminar.

Que podamos ser parte viva del sueño de San Pedro Nolasco y que, bajo la protección de Nuestra Señora de la Merced, sigamos respondiendo con generosidad al llamado del Señor.