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Niños, niñas y adolescentes en riesgo social

La niñez y la adolescencia son etapas cruciales del desarrollo humano, marcadas por un crecimiento físico, emocional y psicológico significativo. Sin embargo, en diversas circunstancias, este desarrollo puede verse comprometido por una serie de factores de riesgo que exponen a los niños y adolescentes a situaciones de vulnerabilidad. La Iglesia ha expresado su preocupación constante por la protección de los menores, especialmente los más vulnerables. El papa Francisco, en su exhortación apostólica Christus vivit (2019), dirigida a los jóvenes, les reconoce como el «ahora de Dios», enfatizando su importancia y su participación en la sociedad y la lglesia.

Al invertir en la capacidad de los niños y adolescentes para superar la adversidad, no solo prevenimos futuros problemas, sino que también les equipamos para construir vidas plenas y satisfactorias.

Niñez y adolescencia en riesgo y la resiliencia como herramienta de prevención

Este documento explora las dimensiones del riesgo en estas etapas, incorporando perspectivas desde la lglesia, el análisis psicosocial y UNICEF. El objetivo es proporcionar una visión integral para entender el problema y, sobre todo, destacar la resiliencia como una herramienta fundamental para la prevención y la promoción del bienestar en las poblaciones juveniles.

1.Marco teórico

1.1.Perspectiva de la lglesia católica

La Iglesia ha expresado su preocupación constante por la protección de los menores, especialmente los más vulnerables. El papa Francisco, en su exhortación apostólica Christus vivit (2019), dirigida a los jóvenes, les reconoce como el «ahora de Dios», enfatizando su importancia y su participación en la sociedad y la lglesia. El pontífice ha impulsado activamente la transparencia y la prevención contra la pederastia,mostrando un compromiso claro con la protección de los niños y adultos vulnerables.

Documentos recientes, como el Manual sobre la protección de menores y de adultos vulnerables (2023), establecen directrices para garantizar entornos seguros para la niñez y adolescencia en las instituciones eclesiásticas, abordando temas como la prevención del abuso y la formación adecuada de los aspirantes que trabajan con menores.

1.2.Aportes de UNICEF

UNICEF es un actor clave en la protección de los derechos de la infancia a nivel global. A través de sus informes, monitorea y analiza la situación de los niños y adolescentes en diferentes países.Un informe reciente de la organización destaca que los trastornos de salud mental afectan a uno de cada siete jóvenes de entre 10 y 19 años a nivel global, siendo la depresión y la ansiedad problemas prevalentes que afectan a una gran parte de esta población.

El organismo también resalta que la mitad de las afecciones de salud mental se originan antes de los 14 años, subrayando la importancia de la acción temprana. UNICEF ha reconocido que las

inequidades sociales, el cambio climático, la inestabilidad económica y los conflictos son factores que exponen a los jóvenes a diversas vulnerabilidades.

1.3.Análisis psicosocial

El análisis psicosocial en la infancia y la adolescencia aborda cómo las interacciones sociales y los contextos culturales influyen en el desarrollo psicológico.

·Erik Erikson: Su teoría del desarrollo psicosocial, que abarca ocho etapas, explica cómo los individuos enfrentan conflictos o crisis en cada fase de la vida. Paa los adolescentes, la búsqueda de la identidad es central, y la fala de apoyo en esta etapa puede generar vulnerabilidad.

·Norbert Elías: Este sociólogo destaca que, en las sociedades modernas, la niñez es vista como una etapa»preparatoria» para la vida adulta, relegada al ámbito privado.El análisis psicosocial contemporáneo, influenciado por su obra, resalta la importancia de la experiencia social en la construcción de la agencia y autonomía de los niños.

2. Estadísticas sobre la niñez y adolescencia en riesgo

Las estadísticas globales y regionales reflejan la magnitud de los desafíos.

·Salud mental: Un estudio de UNICEF y la Organización Mundial de la Salud (OMS)estima que uno de cada siete jóvenes de 10 a 19 años padece una afección de salud mental diagnosticable. A nivel global, la depresión es una de las principales causas de discapacidad entre los jóvenes, y el suicidio es la cuarta causa de muerte en el grupo de 15 a 19 años.

·Violencia y adversidad: Un informe de 2025 de Infobae,con datos de UNICEF,revela que el 40% de las niñas en América Latina han sufrido algún tipo de violencia antes de los 18 años. Además, la investigación ha identificado factores de riesgo como la adversidad en la infancia, el acoso escolar y la falta de seguridad en la escuela, que están relacionados con problemas emocionales y de comportamiento.

3. La resiliencia como herramienta de prevención

La resiliencia es la capacidad de una persona para superar la adversidad y salir fortalecida. En el contexto de la niñez y la adolescencia, no se trata solo de sobrevivir, sino de prosperar a pesar de las dificultades.

3.1.Factores que fomentan la resiliencia

·Relaciones de apoyo: Un factor clave es contar con el apoyo emocional de adultos significativos (padres, cuidadores, maestros) que validen sus emociones y les brinden un entorno seguro.

·Habilidades de afrontamiento: Enseñar a los jóvenes a resolver problemas, gestionar sus emociones y fijar metas les proporciona las herramientas para enfrentar los desafíos de manera efectiva.

·Sentido de control y autonomía: Fomentar la toma de decisiones responsables permite a los adolescentes desarrollar un sentido de control sobre sus propias vidas,lo cual es vital para su resiliencia.

·Actitud positiva: Cultivar el optimismo y la gratitud ayuda a los jóvenes a mantener una perspectiva positiva incluso en momentos difíciles.

3.2.Estrategias de prevención basadas en la resiliencia

·Programas de apoyo emocional: Crear espacios seguros en escuelas y comunidades donde los niños y adolescentes puedan hablar sobre sus experiencias y emociones.

·Fortalecimiento familiar: Promover la comunicación abierta y el establecimiento de normas claras y consistentes en el hogar.

· Educación en resiliencia: Incorporar en los currículos escolares la enseñanza de habilidades socioemocionales, como la resolución de conflictos y la gestión del estrés.

·Redes de apoyo comunitarias: Fomentar la solidaridad y la confianza en la comunidad, especialmente en contextos de alta vulnerabilidad.

Conclusión

La niñez y la adolescencia en riesgo es un problema complejo que requiere una respuesta multifacética.Integrar las perspectivas de la Iglesia, UNICEF y el análisis psicosocial permite una comprensión más profunda de los factores que inciden en la vulnerabilidad de los jóvenes. Más allá de identificar los riesgos, el enfoque en la resiliencia ofrece un camino proactivo y esperanzador.Al invertir en la capacidad de los niños y adolescentes para superar la adversidad, no solo prevenimos futuros problemas, sino que también les equipamos para construir vidas plenas y satisfactorias.

Preguntas para la reflexión: 

1- ¿Qué te ayudó a salir adelante en una experiencia difícil durante tu adolescencia y juventud? ¿Qué aprendiste de esa situación?

2- ¿Qué influencias (familia, amigos, redes sociales, estudios) han marcado más tu forma de pensar y actuar?

3- ¿Cuáles son los principales riesgos o desafíos que enfrentan hoy los jóvenes en su comunidad (por ejemplo, salud mental, violencia, falta de oportunidades, presión social)?

4- ¿Cómo afectan las redes sociales la salud mental y la autoestima de los jóvenes?

5- ¿Qué papel juega la familia o el entorno cercano en la prevención de problemas emocionales y sociales?

6- Si tuvieras la oportunidad de crear un proyecto o campaña para disminuir los factores de vulnerabilidad en jóvenes o adolescentes, ¿qué acciones propondrías y por qué?

Familias en crisis y víctimas de violencia

Las familias en crisis se enfrentan a desafíos como el individualismo, la falta de herramientas educativas y el impacto de la cultura consumista, tal como describe la Exhortación Apostólica Amoris Laetitia. Otras crisis incluyen la violencia familiar, las rupturas matrimoniales y la dificultad de encontrar y mantener la estabilidad, especialmente para familias con pocos recursos. La exhortación busca guiar a las familias a través de estas dificultades a través del diálogo, el perdón y la esperanza, reconociendo la riqueza de cada realidad familiar. 

Pastoral de proximidad: Se propone una pastoral familiar «misionera, en salida y en cercanía» que acompañe a las familias en su propio contexto, en lugar de enfocarse en encuentros formales y elitistas.

Desafíos y crisis familiares

Individualismo y consumismo: Una cultura que prioriza el yo y trata a las personas como objetos puede debilitar los lazos familiares y la capacidad de amar.

Falta de herramientas: Hay una falta de formación y herramientas para vivir una familia sólida y armónica, lo que puede llevar a dificultades en la crianza y educación.

Inestabilidad y ruptura: La presión de hacer cambios constantes, la dificultad para restaurar relaciones y el aumento de separaciones son puntos de preocupación.

Pobreza y vulnerabilidad: La miseria extrema agrava las dificultades familiares, exponiendo a los niños a riesgos y dificultando su desarrollo personal.

Violencia familiar: Se ha observado un incremento de la violencia dentro del hogar, incluso como consecuencia de situaciones de confinamiento.

Ausencia de padres o madres: La falta de uno de los progenitores representa un desafío significativo para la educación familiar. 

Perspectivas de Amoris Laetitia

Aceptación de la realidad: El documento rechaza un único modelo de familia ideal, reconociendo la complejidad y diversidad de las realidades familiares, con sus gozos y sus dramas.

La importancia del perdón: Se subraya que el perdón es una «medicina» fundamental para sanar las heridas y renovar la familia, ofreciendo una nueva oportunidad incluso en situaciones difíciles.

Enfoque en la esperanza y el acompañamiento: Se busca evitar la autocompasión y despertar la creatividad para afrontar los desafíos, acompañando a las familias con misericordia y esperanza en lugar de juzgarlas.

Diálogo y encuentro: Se enfatiza la necesidad de crear espacios de diálogo y encuentro dentro de la familia, a menudo redescubiertos en momentos de crisis, como la oración o la conversación.

Pastoral de proximidad: Se propone una pastoral familiar «misionera, en salida y en cercanía» que acompañe a las familias en su propio contexto, en lugar de enfocarse en encuentros formales y elitistas. 

La violencia le hace mal a la familia

1. La familia como espacio de aprendizaje

La familia es el primer entorno donde aprendemos a conocernos, comunicarnos, resolver conflictos y construir nuestra identidad como hombres y mujeres.

Debe ser un espacio de afecto, respeto, comprensión y seguridad emocional.

Cuando el hogar se transforma en un lugar de miedo, gritos, insultos o golpes, se pierde esa función y se instala la violencia intrafamiliar, un fenómeno que afecta a todas las clases sociales, edades y religiones.

2. ¿Qué es la violencia intrafamiliar?

Es todo tipo de maltrato entre miembros de una familia, y puede ser:

Físico: golpes, empujones, cachetadas, quemaduras, etc.

Psicológico: insultos, humillaciones, amenazas o control.

Sexual: cualquier acto o contacto sin consentimiento.

Económico: control o negación de recursos básicos.

Existen tres formas principales:

Maltrato infantil, ejercido contra niños, niñas o adolescentes.

Violencia de pareja o doméstica, que afecta sobre todo a las mujeres.

Violencia hacia adultos mayores, ejercida contra abuelos o personas mayores.

3. Violencia de pareja o doméstica

No todos los conflictos son violencia. La violencia de pareja ocurre cuando uno de los miembros ejerce poder y control sobre el otro.

Puede manifestarse como:

Violencia psicológica: humillaciones, insultos, control de actividades, celos excesivos.

Violencia física: golpes, empujones, agresiones con objetos o armas.

Violencia sexual: relaciones forzadas, imposición de actos no deseados.

Violencia económica: control del dinero, negación de recursos, prohibición de trabajar.

Los mitos (“fue por estrés”, “porque tomó alcohol”) no justifican el maltrato. La violencia es una decisión consciente y constituye un delito.

4. Perspectiva de género y sistema patriarcal

La violencia de pareja está profundamente relacionada con las desigualdades de género.

El sexo es biológico, mientras que el género es una construcción social que define cómo “deben ser” varones y mujeres.

Estos estereotipos de género (el varón fuerte, racional y proveedor vs. la mujer dócil, emocional y cuidadora) reproducen una estructura de poder desigual: el patriarcado.

En este sistema, la masculinidad hegemónica representa el modelo dominante (hombre heterosexual, blanco, fuerte, proveedor), que se impone sobre las mujeres, otros varones no hegemónicos y diversidades sexuales.

Este modelo legitima relaciones de poder, sumisión y violencia simbólica (burlas, invisibilización, control, negación del otro).

5. Violencia de género

Según la Ley 26.485 (Argentina) y marcos similares en la región, se entiende como:

“Toda conducta, acción u omisión basada en una relación desigual de poder que afecte la vida, libertad, dignidad o integridad física, psicológica, sexual, económica o patrimonial de las mujeres.”

El concepto de violencia de género amplía el enfoque: abarca todas las violencias ejercidas contra las mujeres y también contra personas que no se ajustan a la masculinidad hegemónica (personas trans, travestis, no binarias, etc.).

Características estructurales de la violencia de género (Raquel Osborne, 2009):

Es estructural: forma parte del sistema social.

Es mecanismo de control de las mujeres y disidencias.

Es continua: se expresa desde la violencia simbólica hasta la física extrema.

Preguntas para la reflexión: 

1- ¿Qué elementos hacen que la familia sea un espacio seguro o violento?

2- ¿Por qué crees que muchas personas normalizan el maltrato o los gritos en el hogar?

3- ¿Qué recursos o instituciones conoces que brinden ayuda ante situaciones de violencia?

4- ¿Qué acciones concretas pueden tomarse desde la comunidad para prevenir la violencia de género?

5- ¿Qué cambios culturales crees necesarios para construir relaciones más igualitarias y libres de violencia?

Excluidos de la cultura del trabajo

El trabajo no es solo una actividad económica, sino una vocación humana y espiritual: a través de él la persona colabora con la creación de Dios y se realiza como ser social. “El trabajo es sagrado”,  porque expresa la dignidad de quien fue creado a imagen de Dios.

La Iglesia ve en el trabajo un camino de santidad cotidiana, donde se une fe, justicia y servicio.

El trabajo digno no solo transforma la sociedad, sino también el corazón de quien trabaja.

El trabajo según Laudato Si´y la Doctrina Social de la Iglesia

1. El trabajo como fuente de dignidad

Tanto la Doctrina Social de la Iglesia (desde Rerum Novarum, 1891) como la Laudato Si’ (2015) colocan el trabajo digno en el centro de la vida humana.

El trabajo no es solo una actividad económica, sino una vocación humana y espiritual: a través de él la persona colabora con la creación de Dios y se realiza como ser social. “El trabajo es sagrado”, dice el papa Francisco, porque expresa la dignidad de quien fue creado a imagen de Dios.

Ejemplo actual:

Un joven que trabaja en una cooperativa de reciclaje en lugar de en un empleo precario, encuentra en su tarea un sentido comunitario, ecológico y solidario: cuida la “casa común” y a la vez construye su dignidad.

2. Crítica al sistema económico y exclusión laboral

Un elemento central en todo el planteamiento de la DSI sobre el trabajo es el de su importancia para las personas empobrecidas. En un doble sentido: en la lucha contra el empobrecimiento y en la prioridad que debe darse a las necesidades y derechos de los trabajadores y trabajadoras empobrecidos.

Por una parte, la DSI subraya que el empleo en condiciones dignas es esencial para la lucha contra la pobreza, pues la violación de la dignidad de las personas trabajadoras es una de las causas fundamentales del empobrecimiento, las desigualdades y la exclusión social. El empleo precario, en las diversas formas de economía sumergida, de subempleo, el desempleo…son causas fundamentales del empobrecimiento de personas y familias. Hasta el punto de que con las políticas neoliberales de precarización del empleo han crecido mucho los llamados “trabajadores pobres”, personas que tienen empleo pero a las que los bajos salarios no permiten acceder a los bienes básicos para una vida digna. No cualquier empleo permite salir de la pobreza, es necesario que sea en condiciones dignas, estable y con el respeto a los derechos de las personas. Además de la necesaria protección social. Pero no solo se trata del empobrecimiento económico, también de condiciones de empleo que desestructuran (por las largas jornadas, por la permanente inestabilidad laboral que es inestabilidad vital…) la vida personal, familiar y social de muchos trabajadores y trabajadoras.

Un magnífico texto de Juan Pablo II lo expresa muy bien, subrayando la trascendencia que esto tiene para la sociedad y para la Iglesia: “Para realizar la justicia social (…) son siempre necesarios nuevos movimientos de solidaridad de los hombres del trabajo. Esta solidaridad debe estar siempre presente allí donde lo requiere la degradación social del sujeto del trabajo, la explotación de los trabajadores (…) La Iglesia está vivamente comprometida en esta causa, porque la considera como su misión, su servicio, como verificación de su fidelidad a Cristo, para poder ser verdaderamente la “Iglesia de los pobres”. Y los pobres (…) aparecen en muchos casos como resultado de la violación de la dignidad del trabajo humano: bien sea porque se limitan las posibilidades del trabajo –es decir por la plaga del desempleo–, bien porque se desprecian el trabajo y los derechos que fluyen del mismo” (LE 8).

Deberíamos grabar en nuestra mente y nuestro corazón estas palabras para vivirlas. En nuestra sociedad necesitamos prestar mucha más atención a lo que ocurre en el mundo del trabajo. También en nuestra Iglesia para hacer concreto y no abstracto el servicio a las personas empobrecidas y la búsqueda de la fraternidad.

Por otra parte, la DSI también ha insistido siempre en algo que cuesta mucho entender en nuestra sociedad (en la que se ha perdido en gran medida la capacidad de pensar y sentir la realidad desde la perspectiva del bien común, sacrificado por la búsqueda del solo interés particular fruto del individualismo que conduce a la indiferencia): para avanzar en justicia, en el reconocimiento de la dignidad del trabajo y el trabajo en condiciones dignas, es imprescindible poner en primer lugar las necesidades y los derechos de los trabajadores y trabajadoras empobrecidos. No hay otro camino para el bien común que no haya personas excluidas, empobrecidas. Ayudar a comprender esto y a actuar en consecuencia es un servicio esencial a prestar en nuestra sociedad. (Luis González-Carvajal Santabárbara (Madrid, 1947), ingeniero, sacerdote y teólogo español. Es considerado uno de los autores cristianos más leídos actualmente en lengua castellana)

Ejemplo:

Los trabajadores de plataformas digitales (deliverys, choferes de apps) muchas veces carecen de derechos, seguro o estabilidad. Según la DSI, eso viola la dignidad humana porque las personas quedan sometidas al mercado.

3. Ecología integral y “trabajo que cuida”

La Laudato Si’ propone la idea de ecología integral: el cuidado de la naturaleza está unido al cuidado de las personas.

El papa Francisco enseña que “no hay trabajo decente si destruye la creación”.

La DSI actualiza esto al vincular el trabajo con el cuidado, especialmente del ambiente, de las familias y de los trabajadores mismos.

Ejemplo:

Una empresa que promueve energías limpias y respeta a sus empleados en lugar de sobreexplotarlos, practica el “trabajo que cuida”.

4. La prioridad del trabajo sobre el capital

Desde Laborem Exercens (Juan Pablo II), la Iglesia enseña que el trabajo vale más que el capital.

El trabajador es sujeto del trabajo, no un simple instrumento.

Por tanto, las políticas económicas deben construirse desde el respeto a los derechos laborales, no desde la rentabilidad.

Ejemplo:

Cuando una empresa decide sostener los empleos aun en tiempos de crisis, reduciendo beneficios pero no despidiendo a su personal, está aplicando el principio cristiano de la primacía de la persona sobre el dinero.

5. Trabajo, bien común y justicia social

El bien común implica crear condiciones para que todos puedan vivir y trabajar dignamente.

Por eso la DSI insiste en que el trabajo digno es esencial para una sociedad justa.

No hay verdadera prosperidad si existen “trabajadores pobres”.

Ejemplo:

Un municipio que impulsa programas de empleo joven o cooperativas de economía popular contribuye al bien común, al integrar a quienes estaban excluidos.

6. Dimensión espiritual del trabajo

Jesús mismo fue trabajador.

La Iglesia ve en el trabajo un camino de santidad cotidiana, donde se une fe, justicia y servicio.

El trabajo digno no solo transforma la sociedad, sino también el corazón de quien trabaja.

Preguntas para la reflexión: 

1-¿Conoces ejemplos de trabajos que no cuidan ni a las personas ni al ambiente?

2-¿Qué significa hoy “trabajo digno” para los jóvenes?

3-¿Crees que la tecnología está ayudando o reemplazando injustamente al trabajo humano?

4-¿Qué valores cristianos pueden guiar la búsqueda de un empleo o una vocación laboral?

 Acción comunitaria

5-Pensá una iniciativa concreta (en la comunidad, escuela o barrio) que promueva el trabajo digno.

6-¿Cómo podrían los jóvenes ser protagonistas en la defensa del “trabajo que cuida”?