Merced

En la semana del 20 al 27 de Julio, los jóvenes de la Fraternidad Juvenil Mercedaria de Tucumán participaron de la Mega Misión.

Fue un contecimiento comunitario que venía preparándose con mucho esfuerzo, amor y dedicación, tanto para los jóvenes de los grupos Enganche, Jezisco, Jóvenes Redentores y Peregrinos, como también para las personas del barrio y la comunidad.

Nos cuentan: «Durante estos cinco días llevamos el Evangelio con alegría y entrega, compartiendo la fe y sirviendo a cada familia que nos abrió las puertas de su casa. En esta semana, los jóvenes tuvimos un encuentro cercano con el Hermano. Visitamos albergues de personas en situación de calle y de mujeres. Compartimos abrigo y un café con quienes se encontraban en el Hospital y también visitamos a los abuelos en el asilo».

Sobre todo, se hicieron cercanos a las realidades que hoy prevalecen en la sociedad, brindando una escucha activa, un abrazo que reconforta y una mirada que dice “aquí estoy para vos”: «Además, misionamos en las casas de las familias y compartimos con los niños en los diferentes lugares de Misión, con juegos, cantos y mucha alegría«.

Fueron días muy lindos, fructíferos y llenadores. Se realizó el rezo del Rosario, se pintaron morrales, se hicieron denarios, hubo formaciones, se ayudó en el Comedor de nuestra Parroquia San Pedro Nolasco y se compartió el mate de cada día, con una sonrisa y con las ganas y el entusiasmo de salir al encuentro de Jesús en el hermano.

«Un Dios que actúa en cada uno de nosotros, y que se deja ver de forma hermosa en nuestros jóvenes. Es una invitación de cada día a levantarnos y salir al encuentro con alegría, esperanza y amor. A seguir siendo misioneros en lo cotidiano, porque las pequeñas cosas son las que más hablan de Jesús.

Agradecemos el compromiso, la dedicación, el esfuerzo y sobre todo el corazón de nuestros jóvenes. A las personas que nos ayudaron en la previa y en el después de la organización. A las familias que donaron tanto su tiempo, como también mercadería, que ofrecieron su ayuda en todo momento y estuvieron presentes en nuestras oraciones. A nuestro Padre Pablo Ordoñez y a Fray Nicolás Bonahora por el acompañamiento y la disposición. Y a nuestra comunidad por sus oraciones, que nos dan fuerza para mantener vivo el fuego del amor por nuestro Jesús y por Nuestra Madre María de la Merced».

Testimonios Misioneros

“Me gustó mucho rezar juntos, cantar y hacer las actividades. Sentí muy cerca a Dios, me dio mucha paz y alegría. Aprendí que todos somos importantes y que nadie tiene que quedarse solo: siempre hay que acercarse a quien anda sin compañía. Me llevo recuerdos muy lindos y agradezco mucho haber podido participar”.

Sebastián- Grupo Jezisco

“Una vez más, la misión nos recordó que Jesús sigue vivo en el rostro de cada hermano. Durante esta semana compartimos mates, risas, abrazos y también conocimos realidades que muchas veces el mundo olvida. Mientras muchos elegían descansar, nosotros elegimos salir al encuentro del prójimo. Y entendimos que no solo fuimos a llevar a Jesús, sino también a encontrarlo: en el que necesitaba ser escuchado, acompañado y abrazado. Volvemos con el corazón lleno, agradecidos por cada persona que nos abrió las puertas y por permitirnos ser un pequeño signo de esperanza. Que la misión no termine acá, sino que siga en nuestra vida de todos los días”.

Ismael – Grupo Enganche

“Porque es especialmente en los más vulnerables, en los marginados y en los olvidados donde Dios se hace presente de una manera especial, el después de la Mega misión también es una travesía. Es descubrir la diferencia entre quién era antes y quién soy después de haber vivido esta experiencia. Sin dudas, algo en mí cambió. Deseo poder compartir muchos años más junto a esta comunidad, seguir creciendo en la fe y continuar sirviendo a cada hermano, a cada niño, a cada anciano y a cada persona en cuyo rostro pude reconocer, siempre, el rostro de Dios. Porque al final, eso es la misión: salir al encuentro del otro para descubrir que, en ese encuentro, también Dios sale a nuestro encuentro. Y que, cuando creemos que vamos a rescatar, terminamos siendo nosotros quienes encontramos la verdadera libertad. Todos somos una misión en la tierra» 

Maxi- Grupo Enganche

“Para mí, la Mega Misión fue una de las experiencias más lindas y transformadoras que pude vivir. Llegué con muchas expectativas, pero Dios superó todo lo que imaginaba. Él momento que marcó un antes y un después en mi vida fue la bajada del Espíritu Santo. Llegué con un corazón lleno de preguntas y miedos, y fue ahí donde entendí cuánto Dios me ama. Sentí una paz que no puedo explicar con palabras y comprendí que el Espíritu Santo transforma, fortalece y renueva el corazón. Compartir con los chicos y salir a misionar fue un regalo inmenso. Descubrí que no era solo yo quien daba, sino que recibía muchísimo más de lo que podía ofrecer. Aprendí que servir con humildad y que el amor transforma tanto a quien recibe como a quien entrega”. 

Delfi-  Grupo Jóvenes Redentores

“También me emocionaba muchísimo ver la alegría de los chicos en los barrios. Sus sonrisas, sus ganas de participar y el entusiasmo con el que recibían a Jesús me enseñaron que la fe también se vive con sencillez y con un corazón abierto…. Otro momento que me encantó fueron las misas en los barrios. Ver que la Eucaristía llegaba hasta las familias me pareció algo hermoso. Sentía que Jesús quería salir al encuentro de todos y que nosotros solo éramos instrumentos para hacerlo posible.

Me voy de esta primera Megamisión con el corazón completamente lleno. Me sentí llamada por Jesús, acompañada por una comunidad maravillosa e inmensamente amada por Dios. También pude servir, ayudar, acompañar y disfrutar cada momento. Hoy puedo decir que esta experiencia cambió mi vida.   Solo le pido que nunca deje de llamarme y que siempre me dé un corazón dispuesto para seguir anunciando su amor donde Él quiera llevarme, fue solo el comienzo de un camino que quiero seguir recorriendo de la mano de Jesús. Hoy me voy con el corazón lleno, con muchísima alegría y con el deseo de volver a decirle «sí» cada vez que Él me llame. Porque si algo aprendí en estos días es que cuando dejamos que Jesús guíe nuestra vida, nunca volvemos a ser los mismos”. 

Justina- Grupo Jezisco