Compartimos con alegría el testimonio vocacional de Nora González, laica consagrada, desde la comunidad mercedaria de Mendoza Centro:
“Me llamo Nora Gonzalez, soy de Mendoza, Argentina, y formo parte del Laicado Consagrado de la Familia Mercedaria Argentina.
En mi comunidad, “Mendoza Centro”, vivo mi vocación laical, anunciando el Evangelio y el carisma mercedario en lo sencillo y pequeño de cada día, a través de la participación en el Ministerio de Liturgia, el Ministerio de la Catequesis y el acompañamiento pastoral.



Mi camino vocacional fue creciendo poco a poco, a través de múltiples experiencias de servicio, de encuentro con la Palabra de Dios y del testimonio de muchas personas que me ayudaron a descubrir que Dios llama también en lo cotidiano.
En 2014 llegué, como docente para un aula destinada a gente en situación de vulnerabilidad social, a una comunidad mercedaria de impronta laical: hoy mi comunidad.
Allí, con el paso del tiempo la invitación a vivir mi vocación laical, se fue haciendo más tangible y evidente, porque en la vida cotidiana de la comunidad Dios se hacía presente en mis hermanos y hermanas. De esa forma y casi naturalmente comencé a participar activamente en distintas actividades pastorales, hasta que en 2019 me uní a la Fraternidad Laical Consagrada.


En ese proceso, la espiritualidad mercedaria ha inspirado y guiado mi sendero de fe. Descubrí en ella un modo de mirar la realidad con ojos de misericordia y de comprometerme con la libertad de los hijos de Dios. Comprendí que la cautividad no es solo una historia pasada contada en los libros, sino una realidad presente: en las calles de la ciudad, en las periferias y en las familias. También descubrí que es posible ser prójimo de quienes viven en soledad, en la pobreza o con heridas en el corazón.
Las personas que Dios fue colocando a mi lado —hermanos en situación de calle, jóvenes, alumnos, alumnas, animadores de distintas pastorales, catequistas y sacerdotes— me ayudaron a comprender que la vocación se descubre y se vive caminando con otros, y que cada uno, desde su lugar, puede aportar a la misión del carisma redentor en la Iglesia.
Como parte de la Familia Mercedaria Argentina, anhelo que sigan creciendo las vocaciones mercedarias, religiosas y laicales, para que, en unidad y al amparo de María de la Merced, seamos testigos del amor liberador de Cristo Redentor”.


