Merced

Como todos los años, el Grupo Misionero del Colegio León XIII visitó las comunidades de Huancar, Pastos Chicos y Puesto Sey en el Departamento Susques de Jujuy. 

María Victoria de 5° año; Paulina Vegas de 6° y Valentina Carranza de 4°, ponen en palabras lo vivido durante los primeros días de junio en la misión: 

Hola, soy Maria Victoria Virga, una de las estudiantes de 5to año que tuvo la increíble oportunidad de ir a misionar a Jujuy. Fui seleccionada para ir junto a mi grupo a Pastos Chicos. 

Fuimos trece integrantes, con algunos adultos de nuestra institución, Alicia Toranzo, Alan Monje, Marcelo Hidalgo, y la doctora Fabiana. Como estudiantes de 4to y 5to año que aún asisten al colegio, y  egresadas fueron Sofia Gomez, Ana Ovejero, Eugenia Gavazzi, Paz Olaechea, Guadalupe Merlo, Lucía Aratano, Luz Bochi y Milagros Vélez, un grupo enriquecedor del que pude aprender muchísimo. 

Agradecí cada día poder disfrutar esta experiencia tan hermosa con cada uno de ellos, compartiendo anécdotas, risas y llantos de alegría. Siendo sincera este proyecto siempre había querido hacerlo pero antes del viaje decidí ir sin expectativas ya que me parecía mejor así. Escuchando a todos los chicos que conforman el grupo misionero que ya habían ido antes a Jujuy, una chispa grande de emoción recorrió mi cuerpo pocos días antes de viajar. Durante el transcurso de la ida conocí con intensidad a cada uno, y mientras más nos acercabamos al primer pueblo, Huancar, más me sobresalía el corazón de la emoción. 

Confirmé que mi plan de no tener expectativas no estaba funcionado. Apenas descendí del colectivo, la primera lágrima se me escapó de los ojos y en ese preciso instante comprendí que había sido llamada por Dios para misionar en Jujuy. Sentí tanta paz y sencillez que lloré sin parar mientras chicos de la comunidad de Huancar nos recibían con sus característicos cantos y bailes culturales. Ahora puedo decir que ese momento fue inolvidable. A partir de ahí, viví algo que difícilmente puedo explicar con palabras. 

Estos pueblos son lugares con personas muy dulces y generosas que dan sin esperar nada a cambio y que demuestran a través de los actos, algo demasiado destacable.

Nunca voy a olvidar sus preciosas caras de felicidad al vernos llegar y sus expresiones al vernos partir. Irma, Lucas y Giovanni fueron mis personitas especiales en este viaje. Gracias a ellos entendí que nuestra situación no tiene por qué afectar la manera en que vivimos la vida. 

Creamos vínculos hermosos en muy poco tiempo, y nos fue suficiente para poder decir que parecía que nos conocíamos desde toda la vida. Lucas y Giovanni, los pequeños niños con corazón gigante que tenían demasiado para dar hicieron de mi viaje algo único, ya no puedo esperar para verlos de nuevo. Son felices, sencillos, tiernos, buenas personas y sobre todo amorosos. Para cerrar, quería mostrarles una de las enseñanzas que me llevo en el corazón, y es la de valorar y agradecer hasta lo más mínimo, como ellos lo hacen día y noche. ¡Gracias!«

Paulina Vegas de sexto año nos comparte: 

«Durante los días de misión realizamos muchas actividades: visitamos casas, compartimos momentos de oración, acompañamiento y escucha con distintas familias. También organizamos juegos y talleres para los chicos, celebramos misas, momentos de adoración, y presentamos una obra de teatro tanto para niños como adultos, con el deseo de dejar un mensaje de unión. Tuvimos además el privilegio de presenciar el egreso de los chicos de 5º año, y fue emocionante ver el esfuerzo de ellos y de sus pilares, sentir ese orgullo y esa alegría compartida.

Una de las experiencias que más me marcó fue cuando visitamos a Eufebio. Apenas le dijimos que veníamos en nombre del grupo misionero, nos recibió con una sonrisa inmensa y nos llevó a mostrarnos su altar a la Virgen. Fue un momento muy especial, estábamos con Juli, y los tres compartimos una oración. Lo más impactante fue que él no nos conocía, ni a Juli ni a mí, pero nos abrió la puerta de su casa como si fuéramos amigas de toda la vida. Esa confianza, esa entrega tan sincera, fue algo que me quedó grabado.

Aunque ya había vivido otras misiones, ésta me tocó de una forma diferente. Las historias que escuché fueron muy duras, pero también muy reales. Me marcó profundamente ver a un chico que había conocido años atrás, que era muy amoroso, y ahora verlo caminando con un cinturón en la mano, como símbolo de poder. En él vi reflejada su situación en casa, el contexto que lo rodea, y me dolió mucho. Me contó con total normalidad que su papá se drogaba y se apagaba cigarrillos en el brazo, y que él, en forma de juego, decía que iba a hacer lo mismo. Me dolió porque eso no debería ser parte de ninguna infancia. Y mucho menos, vivirse como algo normal.

También nos llamó la atención la falta de unión familiar en muchos hogares. Vimos que muchos niños se crían entre ellos, y que los más grandes cuidan (o incluso corrigen con golpes) a los más chicos. Además, en la zona hay poco acceso a la Palabra de Dios, aunque muchas personas la buscan con verdadero deseo. Se viven situaciones de violencia, abuso, pornografía, consumo de drogas… desde edades muy tempranas.

Pero aun así, lo que más me conmovió fue que, en medio de tantas heridas, hay muchísimo amor. Son personas generosas, dulces, tímidas, acogedoras. En viajes anteriores incluso llegaron a darnos sus colchas para que no pasemos frío. Tienen un corazón enorme.

La convivencia con el grupo fue increíble. Me tocó compartir esta experiencia con personas hermosas, y a pesar de estar lejos de nuestras familias y amigos, nunca nos sentimos solos. Siempre había alguien con quien hablar, alguien que te daba un abrazo, una palabra de aliento. Los adultos del grupo estuvieron siempre atentos a nuestras necesidades, y algo que me encantó fue que todos, grandes y chicos, pudimos abrirnos y compartir cosas personales que, en la rutina del día a día, tal vez no nos animaríamos a decir.

A veces conectás más con algunas personas que con otras, pero todos compartíamos un mismo objetivo: servir. Y eso se notaba. Todos fuimos con una gran voluntad, con energía, con amor, para que todo saliera bien. Me sentí contenida, escuchada, acompañada. Y lo más importante: sentí a Dios en cada momento. En cada encuentro, en cada mirada, en cada abrazo, en cada historia. Me sentí conmovida, agradecida, y con el corazón lleno”.

“Soy Valentina Carranza y voy a 4° año B del Colegio León XIII.

Desde que voy a primaria y sé del proyecto y también sabía que quería ir cuando llegara el momento y me tocara. Siempre escuché a gente que iba y decían que esto te cambiaba la forma de ver la vida, que era una experiencia única e indescriptible, y todas esas cosas siempre me motivaron mucho para ser parte del grupo. 

Este año la misión fue a principios de junio. Fuimos todos muy predispuestos a participar y compartir. Todos fueron muy colaborativos y el grupo funcionó muy bien.

Son infinitas las cosas que me llevo de esta primera misión. Una de ellas es el sentido de recibimiento que tiene la gente del pueblo. Todos los misioneros que fueron anteriormente nos lo habían contado, pero uno no se lo puede imaginar.

La primera merienda que compartimos en la tarde noche que llegamos, ahí estaban todos los nenes diciéndonos sus nombres y aprendiendose los nuestros. Al otro día ya sabían tu nombre y te llamaban y querían que te sentaras con ellos. Escucharlos nombrarme me emocionaba muchísimo. Me hizo llorar los primeros días. 

Recuerdo especialmente a Luana y Lian. Estos niños son primos y el primer día ya querían llevarnos a su casa. Un día fuimos, y en su familia estaban preparando un asado y no dejaron de insistirnos para que nos quedáramos a comer con ellos. 

Luana fue la primera que me regaló una cartita hecha por ella y un chocolate, y me conmovió un montón. Es impresionante cómo podés generar vínculos tan fuertes en tan pocos días, al punto que al último cuesta despedirse porque los extrañás.

También esa relación tan fuerte y profunda nos pasa con las personas del grupo misionero. En mi caso entablé un vínculo con las otras chicas que misionaron, que de no ser por este grupo, quizá no hubiéramos coincidido.

Muchas veces los misioneros que vuelven dicen que les cambió la vida, pero no te terminás de dar cuenta lo fuerte que es ese cambio… 

Aprendí de las personas de la comunidad que ellos agradecen mucho lo que tienen, lo disfrutan y lo comparten.

Ahora estoy ansiosa por volver a misionar. Por el momento iré a los próximos encuentros del grupo misionero y desde ya me estoy preparando para las próximas experiencias de misión”.

Desde hace treinta años la comunidad educativa del Colegio León XIII estableció un vínculo con las comunidades del departamento Susques en Jujuy. El grupo misionero, los espacios curriculares, distintas experiencias de formación y la comunidad toda participa de diversas maneras en la misión en la puna, y recibiendo a grupos de estudiantes en el proyecto Entrelazando Culturas. Es La Merced en Salida, La Merced en misión, compartiendo un fraterno vínculo de unidad, de valorar y compartir las particularidades de cada comunidad y de enriquecimiento mutuo y en libertad.

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