En el Día de la Música, celebrado cada 22 de noviembre en honor a Santa Cecilia, patrona de los músicos y poetas, conversamos con el joven músico Exequiel Corbalán. Desde la comunidad mercedaria de Tucumán, Exe comparte su experiencia de encuentro con la música y con el carisma de La Merced.

¿Cómo y desde cuándo comenzó tu camino con la música?
Mi camino con la música curiosamente comenzó junto con el camino de la fe. Cuando entré a la parroquia inmediatamente entré al grupo de jóvenes en el 2006 e ingresé al coro. Ahí empecé aprendiendo mis primeros acordes, mis primeras canciones.
Por eso en mi vida los pasos en la música ya comenzaron encaminados en la senda mercedaria
¿Qué es la música para vos y cómo está presente en tu vida?
La música, sin miedo a equivocarme, puedo decir que es todo. La tengo tan incorporada a mi vida que pienso en música 24/7. A tal punto de que mi vocación profesional, mi vocación humana ronda alrededor de eso.
Hoy en día me dedico en parte a ser músico. Además de haber acrecentado mi etapa como compositor, yo creo que para mí la música como siempre digo es el puente más directo entre el Dios y el corazón del hombre. Siempre lo consideré así.
Si decimos que la Palabra de Dios es una semilla, que nosotros somos la tierra que la recibe, se podría decir tranquilamente que la música es como esa palita que ayuda a que la semilla de la Palabra cale un poquito más hondo.
Realmente para mí la música es algo milagroso, transformador. Algo que nos ayuda a cantar verdades propias y verdades ajenas que por ahí también nadie se anima a cantar. Nos desnuda el alma de una manera tan natural que no hay mejor forma de usarla que en la oración con Dios.
Creo que cuando uno canta está regando pedacitos del alma y eso es el gesto de mayor honestidad y de mayor apertura de corazón que se puede dar.
¿Cómo vivís la música en la misión mercedaria?
La primera vez que me di cuenta del peso que tenía la música acompañando la misión redentora es cuando estaba en los primeros grupos juveniles, también en las celebraciones litúrgicas como las de Cuaresma por ejemplo, donde realmente es un tiempo muy acompañado por la música.
Y aparte de eso cuando comencé a escribir. Si bien yo antes escribía otro tipo de música, hasta que realmente se me despertó la pluma fue cuando empecé a escribir canciones específicas para retiros, para situaciones particulares, para misiones, canciones que surgían como fruto de retiros, misiones, de actividades comunitarias que realmente se iban impregnando de La Merced. Abriéndome paso a través de mi corta experiencia lo fui plasmando en mis primeras canciones.
¿Qué canción de La Merced es muy significativa para vos y por qué?
Hay una canción de una de las mayores compositoras mercedarias de Argentina y de Latinoamérica, que fue Patricia Guerra. Esa obra de ella que para mí resume todo lo que es ser merced, ser espejo de Cristo para los otros que se llama “Eso de amar a la gente”. Para mí es una síntesis perfecta de lo que Dios nos llama como mercedarios, como sus hijos, como miembros de la Iglesia.
¿Cómo podemos hacer de la música un camino de liberación?
Para mí no hay mejor manera de convertir la música en un camino de liberación, más allá de nutrilo de la palabra de Dios que trae esperanza y amor, donde muchas veces falta. Que nos envía como profetas a proclamar pero también a denunciar. La música tiene el poder tanto de calmar el alma y de abrir el corazón, como de abrir los oídos, de alzar la voz por aquellos que quizá no tienen la posibilidad de hacerlo.
Por lo menos ese es el mayor ejemplo que recibí de una de mis referentes más grandes, esta gran compositora a la que conocí, Patricia Guerra. Una persona con una gran conciencia social y cristiana. Alguien que realmente lograba encontrar a Dios en el de al lado, y lo demostró en sus cientos de canciones. Siempre estaba ese espíritu mercedario de “ir en pos de”. Hoy en día ser merced a través de la música es llevar esa buena noticia de que Dios está con nosotros, y al mismo tiempo elevar ese grito de los más desprotegidos, de los que menos pueden gritar.









