Merced

En el Día del Libro, compartimos el testimonio de un apasionado por los libros y las lecturas: Ángel Peralta, bibliotecario de la Casa de Formación José León Torres y la Basílica de la Merced. 

En el repaso de su historia con las obras y los textos, nos cuenta cuál fue su primer libro, cómo descubrió su vocación de servicio en la biblioteca, y lo que más disfruta del arte de la lectura.

“El primer libro que yo leí fue de Amado Nervo. Su nombre es “Almas que pasan” de 1906. Fue un libro que encontré porque lo había desechado un vecino. Yo lo recogí, después lo tomé y lo empecé a leer.

Con el tiempo supe más. Amado Nervo fue un poeta, narrador y diplomático mejicano que vivió entre 1870 y 1919. Es el más importante de la modernidad hispanoamericana y se lo reconoce especialmente por su profunda espiritualidad y musicalidad para conectar de forma íntima con todos nosotros, sus lectores. 

Para mí tener un libro en las manos me da una sensación no solo de alegría sino también de frescura. Me apasiona pensar en las cosas que vos podés aprender de esos libros, ya sean  novelas, poesías o libros de estudio. Por ejemplo los casos de libros de filosofía o teología.

Las novelas en las que vos vas buscando y te vas metiendo en los distintos personajes, los diálogos que te van dando, te van diciendo mensajes y bueno, uno va aprendiendo cosas de ellos, de esos diálogos y que se encuentran muchas veces en paralelo con la vida de uno. Y te dan ideas para continuar en la vida.

Y también los libros de estudio porque uno va formándose y estructurando una lógica de pensamiento en la filosofía para aplicar en la vida.

Cuando iba al Instituto Secundario en Oncativo, solía pasar por el frente de un lugar en el que  siempre estaba la puerta abierta y ahí había una biblioteca. Y que yo me asomaba pero no pasaba, porque no había nadie que te invitara o te dijera que podías pasar. O cuando íbamos al secundario tampoco nos decían que había una biblioteca. 

Después ya estudiando filosofía en Córdoba llegó un momento en el que necesitaba trabajar para seguir estudiando y bueno, ya conocía gente del CEFyT y hablé por teléfono un día en el 82 y me dijeron vení. Y en el mes de agosto comencé a trabajar de bibliotecario. 

A medida que fue pasando el tiempo esta actividad me fue atrapando, porque fui conociendo el mundo, ese mundo de la biblioteca en más profundidad. Y ahí me quedé. 

Tanto es así que ahora estoy trabajando con los mercedarios también en la organización y en las cargas de datos con el sistema internacional KOHA de la casa de formación del León XIII y en la Basílica de La Merced. 

En general yo leo en los momentos en que dispongo de tiempos libres. Pero la mayoría de los libros que he leído en mi vida, los leí viajando en colectivo. Por ejemplo para ir al CEFyT, desde mi casa tenía tres horas, una hora y media para ir y otra otra y media para volver. Ahí he leído muchísimos libros en el mismo colectivo. Y después en casa en los momentos que podía disponer un ratito de quietud, de tranquilidad me ponía  a leer en mi habitación o en el patio, disfrutando de los momentos de tranquilidad y disfrutando de la naturaleza y disfrutando de la lectura».