En el día de Nuestra Madre María de la Merced compartimos las palabras del superior provincial, Fr. Emilio Fernando Córdoba Martín OdeM. dirigidas a toda la familia mercedaria.
| PROVINCIA MERCEDARIA ARGENTINA ORDEN DE LA MERCED |
Queridos hermanos y hermanas, religiosos y laicos mercedarios de Argentina y Paraguay:
En este tiempo tan significativo en que celebramos a Nuestra Madre de la Merced, quiero saludarlos con un corazón lleno de gratitud y de esperanza. A través de estas sencillas palabras, deseo reconocer y agradecer la fraternidad y el profundo compromiso con la misión redentora que nos une en cada una de las comunidades y ámbitos.
Vivimos un tiempo complejo y desafiante. Vemos con dolor a tantos hermanos y hermanas que sufren la pobreza, el desempleo, la exclusión, el descarte, la desesperanza y la violencia que, a veces, parece querer adueñarse del alma de nuestra sociedad. En este contexto, reconocemos la vigencia que tiene nuestra Opción Prioritaria Provincial (OPP) por la niñez y la adolescencia en riesgo social, las familias en crisis y víctimas de violencia, y los excluidos de la cultura del trabajo, en línea de prevención de la trata de personas. Quiero alentarlos a seguir profundizando este camino carismático con fidelidad creativa, respondiendo a la pregunta de Gn 4, 9: «¿Dónde está tu hermano?».

Celebrar a Nuestra Madre de la Merced es la oportunidad de volver nuestra mirada, una vez más, sobre María y dejarnos inspirar por ella, como lo hizo Nolasco.
Hace poco, en un retiro comunitario, rezaba con la escena de las Bodas de Caná, donde la Madre de Jesús se da cuenta de que «no tienen vino» (Jn 2, 3), gracias a su mirada atenta y su corazón sensible. Rezaba que la mirada atenta de María en Caná tiene íntima relación con el hecho de que ella andaba entre los servidores, en el «detrás de la escena». Rezaba también sobre dónde andamos nosotros, dónde andan nuestras comunidades, «desde dónde» miramos la realidad. Tal vez podría ser un lindo ejercicio espiritual para seguir profundizando y afianzando el camino de la OPP como respuesta.
Por otra parte, el corazón sensible de María la lleva a implicarse, a involucrarse, a interceder con la fuerza de su amor maternal y a apresurar la acción de Jesús para que realice el milagro. María nos invita así a hacernos cargo, a no ser espectadores, a poner el cuerpo, a involucrarnos, en oposición a la cultura de la indiferencia, del individualismo, del descarte y de la crueldad. En uno de los plenarios de la última asamblea de religiosos y laicos en misión compartida, constatábamos que asistimos a un tiempo en el que muchas instituciones «se corren» de la responsabilidad por el otro, tiempos de mucha crueldad, donde se hace urgente expandir el corazón, ser capaces de acoger, hospedar y cuidar según el modelo del Hospital de Santa Eulalia.
Como en Caná, hoy María nos invita con esa misma fuerza maternal a estar entre los servidores de la humanidad, servidores de los cautivos. Para ello, necesitamos una fe encarnada en la realidad y que nos anime a ser una Iglesia en salida, como nos pedía el Papa Francisco. Esto lo queremos vivir en interministerialidad redentora, reconociendo, valorando y potenciando dones, servicios y ministerios, religiosos y laicos, para trabajar juntos por la libertad y la dignidad de los que sufren cautividad.
Queridos hermanos y hermanas, que nuestra Madre de la Merced nos siga inspirando y sosteniendo en la misión redentora compartida en favor de los cautivos. Que su intercesión nos dé la fuerza para ser valientes y compasivos, como ella lo fue en Caná. Y que estemos siempre alegremente dispuestos a dar la vida por la libertad y la dignidad de toda la humanidad. ¡Que Dios en su gran misericordia los bendiga abundantemente y que María Nuestra Madre de la Merced interceda por todos nosotros!
Los saludo fraternalmente Cristo Redentor y María de la Merced.


Superior Provincial