Merced

El legado de San Pedro Nolasco se diversifica en miles de vocaciones. Distintos estados de vida, diferentes llamados, profesiones y modos de servir en la Misión Compartida de La Merced.

Conocemos hoy el testimonio de vida y el camino vocacional de Fray Marcelo Hidalgo:

“Hola! Mi nombre es Fray Marcelo Hidalgo, soy sanjuanino y tengo 35 años.  Soy religioso mercedario hermano. Actualmente Superior del Convento León XIII en Córdoba Capital, donde también tenemos la Casa de Formación Religiosa “Fray José León Torres”.  Vivo junto a Fr. Carlos de la Rioja , fr. Sebastián de la India y un hermano postulante llamado Tomás de La Rioja. Soy psicólogo apasionado por la dimensión social del carisma mercedario y me comprometo en proyectos comunitarios que abrazan la Opción Prioritaria Provincial en línea de prevención contra la trata de personas. 

Crecí en el seno de una familia que me transmitió la fe en Dios y la devoción a Nuestra Madre María, mi Papá Rubén, mi Mamá Chely, y mis hermanos German y Melina me enseñaron  desde la calidad del tiempo y el vínculo de amor compartidos, a cuidar y amparar la vida de los más pobres y a cultivar la oración como lugar de encuentro con el “Amigo incondicional”. 

Desde pequeño, y luego en la adolescencia,  las experiencias de fe comunitarias y de religiosidad popular fueron marcando en mi vida un modo de ser y estar en el mundo y elegir seguir a Jesús como eje de mi vida. 

A los 18 años me trasladé a la ciudad de Mendoza para estudiar abogacía, pensando que desde la diplomacia podría trabajar por los derechos humanos. Allí conocí a la Orden de la Merced viviendo como estudiante becado en el Convento de Ntra. Sra. de la Merced de Maipú. Viviendo con los frailes fr. Carlos, fr. Juan Carlos y fr. Lucas,  y a medida que iba conociendo el carisma mercedario me iba enamorando cada vez más del testimonio de santidad de Pedro Nolasco y el llamado a la fraternidad liberadora. La síntesis que iba encontrando entre la búsqueda de seguir a Jesús y trabajar para aliviar el sufrimiento humano, lo iba descubriendo en la mística de la noche del 1 al 2 de agosto, cuando Nolasco sintió en la oscuridad de la noche, la luz de la certeza de que su obra liberadora era realmente obra de Dios y para una entrega radical. 

Así fui madurando la convicción de que no hay redención sin un vínculo de fraternidad que lo haga posible, mi encuentro con mi amigo Jesús en los hermanos cautivos me configuraba en HERMANO PARA SIEMPRE, como un lugar existencial y eclesial. 

Con el acompañamiento de fr. Pablo, fr. Hugo y mi querida Anita Abchi pude discernir y descubrir en libertad y desde el bien mayor el paso que Dios me estaba invitando a dar como religioso mercedario. Así es como ingresé a la etapa del Postulantado en el Convento León XIII,  el 20 de febrero de 2010. 

A lo largo de las etapas de formación fui personalizando el carisma mercedario y apasionándome por el modo de vivir el ministerio redentor desde la fraternidad liberadora en cada una de las comunidades de frailes con quienes fui compartiendo la vida fraterna y en los  diferentes ámbitos donde me confiaron acompañar: en pastoral sacramental, educativa, social, catequética, juvenil, bíblica, misionera intercultural, etc. 

El 26 de mayo de 2018  fue un día de mucho gozo y alegría, porque profesé los Votos Solemnes en la comunidad de Maipú-Mendoza, ofreciendo mi vida en radicalidad para Dios y para los cautivos. La Palabra de Dios que resonó en ese momento fue del Evangelio de Marcos:  “Llevando un frasco de alabastro lleno de un perfume de nardo auténtico, muy caro. Rompió el frasco y se lo derramó sobre su cabeza” (Mc 14,3). La mujer que derramó el perfume sobre la cabeza de Jesús me recuerda a tantas mujeres sobrevivientes de violencia, prostitución y trata de personas que nuestra familia mercedaria acoje y acompaña en proyectos que fui conociendo y que testimonian el amor redentor de Jesus en sus vidas.  

Hoy siento que mi ministerio redentor en la Orden de la Merced es vivir la fraternidad como territorio de misión permanente, uniéndome cada día al clamor de nuestros hermanos y hermanas cautivos, especialmente de la trata de personas, y por ellas y para ellas vivir y dar mi vida.  

Sueño con que la familia mercedaria siga escuchando el clamor de nuestros hermanos y hermanas cautivos y junto a ellos responder con generosidad en la vocación específica que se sientan llamados a vivir en misión compartida. Tanto para la vida laical, consagrada, religiosa y sacerdotal. Pero siempre con el corazón puestos en los cautivos y en María de la Merced quien nos guía, sostiene y orienta en la obra redentora”.