El sábado 20 de junio, vivimos con mucha emoción la ceremonia de Ordenación Diaconal de Fr. Nicolás Suarez Bonahora. Representantes de la familia mercedaria argentina estuvieron presentes en San Miguel de Tucumán para ser parte de la celebración que se llevó a cabo en la Parroquia San Pedro Nolasco, presidida por Monseñor Carlos Sánchez, Arzobispo de Tucumán.
Juntos, dimos gracias a Dios por el sí de Fr. Nico, y por su entrega en la misión redentora de la Merced. La Ordenación Diaconal es un paso anterior al Orden Sagrado.



El Diaconado
La palabra «diácono» proviene del griego diakonia, que significa servicio o ministerio. Por eso, sus tres misiones fundamentales en las comunidades son:
-El servicio de la Palabra: Proclamar el Evangelio, predicar y enseñar la doctrina.
-El servicio del Altar: Ayudar en la celebración de la Misa, preparar el altar y distribuir la Eucaristía.
-El servicio de la Caridad: Asistir a los enfermos, necesitados y dedicarse a las obras sociales de la comunidad.
Los diáconos también están facultados para administrar algunos sacramentos, como presidir matrimonios y celebrar bautismos.


La comunidad que agradece y celebra
Para la comunidad parroquial de San Pedro Nolasco, este acontecimiento también fue una hermosa oportunidad para profundizar en el camino vocacional mercedario, en la liturgia y en el servicio fraterno.
Así nos lo cuenta Mariel: “Como integrante de la Comunidad de la parroquia San Pedro Nolasco, este fin de semana tuvimos la inmensa alegría y bendición de ser parte de la Ordenación Diaconal de fray Nicolás. Fue una experiencia maravillosa, enriquecedora y también desafiante, especialmente en todo lo que implicó la preparación y organización de este gran acontecimiento.


Entre los distintos grupos de las capillas y la sede parroquial se conformaron comisiones de trabajo para llevar adelante cada aspecto de la celebración: la recepción y el alojamiento de invitados provenientes de otras provincias, la ceremonia religiosa, el ágape fraterno, los recuerdos, el sonido, los coros y tantos otros detalles que hicieron posible este encuentro tan especial.
En cada tarea pude contemplar el cariño, la generosidad, la entrega y la disposición con que cada hermano puso sus dones al servicio de los demás. Fueron días intensos y vertiginosos, atravesados también por algunos temores e incertidumbres, pero siempre sostenidos por el acompañamiento cercano del Padre Pablo y de fray Nico, quienes con su entusiasmo, su alegría y su constante buen humor fueron pilares fundamentales que nos ayudaron a confiar en que todo podía realizarse.



Esta experiencia me permitió descubrir con mayor profundidad lo que significa trabajar en Comunidad: caminar junto a los hermanos, compartir esfuerzos, alegrías y esperanzas, y vivir cada paso con entusiasmo y gratitud. Fue una verdadera celebración de la respuesta generosa de nuestro hermano Nicolás al llamado de Nuestro Señor.



Y así lo sentí durante la Santa Misa, con una emoción profunda que colmó mi corazón. Me siento inmensamente agradecida por su “Sí”; por su corazón noble y generoso, por su espíritu sencillo y fraterno, por su capacidad de convocar y unir, por su invitación permanente al “Todos, todos, todos”, llamándonos a abrir nuestros corazones, a fortalecer nuestra fe, y a ser pequeños fueguitos que mantengan viva y encendida la llama de Cristo Resucitado en medio del mundo.



Que el Señor continúe bendiciendo abundantemente su ministerio y que, guiado por el Espíritu Santo, siga siendo signo de esperanza, servicio y amor para toda la Iglesia”.


